Arpías con cultura enciclopédica

05.11.2017 14:27

Por Fausto J. Alfonso

Foto: Magdalena Busaniche

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS 2017. EPISODIO 2. Un típico espectáculo para el debate. Para el regocijo de unos, la indignación de otros y la indiferencia de otros tantos. Así puede presentarse La jauría de las damas, la producción derivada de la Convocatoria UNL “Espacio de representación”, que con dramaturgia y dirección de Adrián Airala se convirtió en el espectáculo de apertura del Argentino de Artes Escénicas 2017.

Un aquelarre de gárgolas, de aspecto gótico-expresionista, filosofa sobre lo valioso de su existencia y tejen, real y metafóricamente, una incierta trama (como incierta es la trama del espectáculo). Es decir, hablan y se picotean sobre la necesidad de sus decisiones, acciones y sentimientos extremos en un mundo donde las metáforas y las creencias siempre corren peligro, porque así deber ser, qué tanto. Son muchas pestes en una misma superficie, como ellas mismas dicen. En una “República”.

Ese cuarteto, rapaz y endemoniado, que reacciona sanguinariamente (“con anuncio o por sorpresa”) es asumido por actrices comprometidas -corporal y vocalmente- que se la tienen que ver con un texto sobrecargado y por momentos bastante fastidioso.

Pasa que La jauría… es un espectáculo preocupado por demostrar todo el tiempo (pero absolutamente todo el tiempo) lo inteligente y gracioso que es. Algo nada fácil durante sesenta minutos (y así fuesen treinta sería igualmente difícil).

Esa búsqueda denodada de inteligencia y gracia se transforma en un amontonamiento de reflexiones sobre el poder, el psicoanálisis, la filosofía, el arte y la ficción/metaficción misma, dando por resultado un rosario de frases rimbombantes, cada una de las cuales encierra un chiste de pequeña, mediana o -eventualmente- gran eficacia.

Propuesta extraña, sobre la que no se puede decir que le falta seriedad o compromiso, juega con el entretenimiento y la reflexión sin definirse por ninguno y sin, tampoco, hacerlos congeniar del todo. En un momento, uno de los personajes exclama: “Está traído de los pelos todo esto, tan lejos de un discurso heroico”. ¿Una ironía autocrítica o qué?

Otro asunto pasa por la demagógica referencia a los espectadores, en tanto “no se trata de un público norteamericano”, sino de uno al que no hace falta explicarle todo. O sea, un público que entiende. Pero que necesita escuchar que otro le diga que entiende, que es sabio. Ummmm…

Y otro asunto más, ya que estamos, es el alarde enciclopédico que, otra vez, no descansa a lo largo de la hora. Decenas y decenas de referencias de todo tipo, vinculadas a la cultura popular y académica, se atropellan pidiendo una línea en el  texto. Arlt, Uriburu, Simone, el Che, Newton, Tim Burton, Severino Di Giovanni, Marvel Comics, Disney, Calígula, Camus, Potter, la KGB y la CIA, Keynes, Favio, ¡hasta los tarugos Fisher y Don Corleone! brotan sin cesar de las bocas de Diestra, Siniestra, Manucha y Navaja. Más, sí señora, más incontables referencias a episodios históricos de distintas épocas y latitudes (guerras, atentados, revoluciones, etc.) y también a movimientos artísticos y a cuestiones cinematográficas variopintas (aparte de las nombradas), toda una debilidad de Manucha. ¡¡¡Ufff!!! ¿No será mucho?

La escenografía (cuatro grandes módulos móviles abstractos) impacta, pero tras el impacto no suma. Y un apagón en medio de la obra no suma, y por demasiado largo tampoco impacta. Acostumbra y aburre.

La jauría de las damas baja línea haciendo como que no lo hace y fija posición, aunque simula ambigüedad: “Hice el esfuerzo de parecerles una gárgola bruta y vulgar. Mírenlos, no pueden decidir si soy la mala o la buena de este drama, ni dejar de reconocer que tengo razón”, dice Siniestra, casi sobre el final de este ejercicio extenuante de ilustración.

 

FICHA:

La jauría de las damas. Dramaturgia y dirección: Adrián Airala. Intérpretes: Adriana Rodríguez, Susana Formichelli, Marisa Ramírez y Najla Raydan. Entrenamiento corporal y asistencia de vestuario y tejidos: Claudia Paz Hernández Melville. Diseño de vestuario y escenografía: Fernanda Aquere. Confección de vestuario: Gladis Mendoza de Cainelli. Diseño de luces: Ponchi Insaurralde. Diseño sonoro y música: Martín Margüello. Operador: Ariel Gaspoz. Producción y coordinación: Fernanda Aquere. Sala: Maggi, del Foro Cultural.