Boudu, ese incorregible...

08.01.2014 17:42

Boudu es incorregible. Ya se sabe. También se sabe que hubo gente que se ofreció para rescatarlo de la incorrección. Se jugó por él. Sobre todo una persona, que intentó -por todos los medios- hacerle entender que sus viejas ideas eran, precisamente y por sobre todo, viejas. Boudu necesita (o necesitaba) una inyección de progresismo. Fiel a sus convicciones, él se niega una y otra vez. Le gusta la placidez de su delirio.

Boudu se viste de manera inapropiada. Se peina, cuando lo hace, del mismo modo. A veces no se afeita (¿a veces?) Su figura… ¡en fin!, como se decía antes, es la de un “mal entrazado”. Además, tiene costumbres raras, con las que anda de aquí para allá, como a la deriva y sin importarle demasiado nada ni nadie. También tiene amigos raros, hay que decirlo. Algunos de ellos tienen nombres difíciles. Tiene asimismo un temor grande: quedarse sin el perro que le ladre.

No le teme a los vaivenes de la economía. Él le impone sus propias reglas, y así, domina a la ciencia. No se deja impresionar –tampoco- por los comentarios que lo involucran.

Algo huele mal en Boudu. Es lógico, llevando la vida que lleva. Boudu tiene sus códigos, sus rutinas, sus argumentos y su verso. Para algunos, guitarrea (quizás por eso se sorprenda ante un piano). Aunque para otros se trata de una criatura pintoresca, y para otros más, de un personaje amado. Para un pequeño puñado, él es un irresponsable que da vergüenza ajena. Pero pocos saben que en el fondo es un anarquista. Sí, tal cual usted lo está leyendo: un anarquista.

En lo que todos coinciden (aunque pocos lo expresen explícitamente) es en que estamos frente a un héroe, con mayúsculas. Ahora, un héroe no sólo es aquel que realiza actos heroicos, sino el que además no traiciona sus orígenes. Esto explica, de algún modo, su negación al cambio por más que se lo sirvan en bandeja de plata, en un domicilio confortable y rodeado de gente bien.

Boudu es gracioso y cruel. Su gracia es cruel y su crueldad, graciosa. Filoso, no puede con su manía de dejar mal parados a los sucios burgueses, a esa gente de doble moral. Porque Boudu, y esto está más que claro, no tiene doble moral. Noooooooo… ¡Qué va a tener!

A la gente le gusta Boudou. Perdón, Boudu (¡la diferencia que puede marcar una “o”!). Tiene carisma. Ni bien se lo conoce, uno empatiza. Agrada esa ingenuidad, esa inocencia lindante con lo infantil, como si se tratase de un ciccone. Perdón, de nuevo, de un chico. También esa fiereza para defender lo suyo. Que es, ni más ni menos, su espacio abierto, su falta de límites.

Jean Renoir filmó Boudu salvado de las aguas, con Michel Simon en el papel del vagabundo Boudu, en 1932, todavía en los albores del cine sonoro. 80 años después, la película conserva intacto su cargamento crítico-sarcástico y, sobre todo, su cristalina y muy humana intención de defender a ultranza la libertad individual.

Fausto J. Alfonso



Original publicado en revista digital Don Marlon, escenarios y otros placeres, marzo de 2012.