Chéjov intervenido, Chéjov airoso

04.11.2014 11:45

SANTA FE. Argentino de Artes Escénicas 2014. Con la elogiada Ricardo III, una farsa, producción 2013 de la Comedia UNL, arrancó en la capital santafesina el Argentino de Artes Escénicas, fusión de los Argentinos de Danza y Teatro que se han venido desarrollando ininterrumpidamente durante la última década.

Esta lectura de la obra de Shakespeare, con dramaturgia de Verónica Bucci, Lautaro Ruatta y el director Sergio Abbate, se apoya en la audacia de su síntesis, el juego en el cambio de registros y la suma de apuntes musicales de cuño popular, entre muchos otros recursos. (*)

Pero la novedad -en el contexto que nos ocupa- llegó la misma noche de la mano de una peculiar versión de Las Tres Hermanas, de Antón Chéjov, proveniente de Córdoba. Y mediante la cual, el director David Piccotto se erige como un reverso de Chéjov, que ve teatralismo allí donde el otro veía ilusionismo. Aunque también, como un maquinador de ficciones por momentos entremezcladas y por otros en paralelo, logradas a partir de un estudiado juego de los lenguajes teatral y cinematográfico.

El espectáculo, más allá de su rotunda originalidad, sin embargo y lo bien que sea así, no termina de soltarle las manos al ideario y las imágenes propias del ruso, evitando que fundamentalistas de turno abandonen la sala con exabruptos al estilo: “¿Y dónde está Chéjov aquí?”

Piccotto y su excelente elenco (ver ficha, al pie), regalan un espectáculo de complejidad técnica y actoral, con pretensiones justificadas. El director se abandona a los mágicos y seductores delirios del teatrista que peca de cinéfilo. Pero, pero… no olvida hacer descansar la puesta en una atmósfera general difuminada, con la luz actuando sobre unos objetos tan bien escogidos que no pierden representatividad con el paso de los minutos reales ni del tiempo ficcional.

Por otro lado, ninguno de los tantos efectos -o efectismos, si se quiere- puede, finalmente, contra la carga de desasosiego, de melancolía, de proyectos que seguirán siendo tales, tan propios de la vida de esas tres hermanas y de los problemas sociales, históricos y de clase en los que indagaba el autor.

Olga, Masha e Irina Prózorov son presas de una época, un estilo de vida y una tradición que de a poco las va sofocando. El deseo de escapar, por voluntad propia, termina transformándose, entre sutilezas y discusiones, en un escape por expulsión. En un irse sin gallardía ni autoridad.

Pero en esta particular versión (que incluye la incursión de un manicero en la platea, bien a la vieja usanza) las mujeres y sus hombres, también son prisioneros de la tecnología cinematográfica y sus cambios. Lo que da pie para que el espectáculo se enriquezca con técnicas variadas desde lo sonoro, lo cromático y lo actoral.

Allí donde no hay sonido y mandan los intertítulos del cine mudo, intérpretes/personajes deben apostar a lo pantomímico; y allí donde gana el sonoro, a un playback deliberadamente afectado que recuerda a las claras lo difícil que fue ese pasaje para el cine.

Por otro lado, el teatro manipulado por el cine queda a expensas de tartamudeos, estancamientos, rebobinados, acelerados, ralentis y otros recursos que derivan en el disfrute del espectador y el padecimiento del personaje, sometido a la máquina.

Una pantalla/velo transparenta y refleja, al estilo de las antiguas pantallas que se usaban en los cines itinerantes de fines del XIX y principios del XX. El uso del subtitulado, divertido y creativo, transforma la segunda mitad del espectáculo en una exigencia mayor hacia los intérpretes, obligados a ensayar distintos idiomas, a jugar con ellos, transgredirlos y hasta parodiarlos.

Los pasajes musicales son otro acierto, al igual que la selección de los intertextos fílmicos (aunque bien se puede obviar, por banalizado, el de Nuovo Cinema Paradiso), que se corresponden física y/o argumentalmente con lo que sucede en la escena teatral.

Las tres hermanas desandan lo que va entre un tiempo pasado, vestido de opacidad, que cada tanto amaga con colorearse, y un futuro incierto, que anticipa sus propios fantasmas. Sus vidas, como la tecnología, como el cine, pueden cambiar.

Pero todo cambio supone nuevos problemas y la no adaptación a ellos deriva en lo que ya sabemos: el digno actor del cine mudo convertido en un deplorable actor parlante para quien nunca más habrá aplausos.

Chéjov fue “intervenido”. Salió airoso. Buena suerte para ustedes, Olga, Masha, Irina…

 

Fausto J. Alfonso

 

Las Tres Hermanas. Córdoba. Versión de la obra de Chéjov. Intérpretes: Estefanía Moyano, Analía Juan, Julieta Daga, Diego Haas, Nelson Balmaceda, Luciana Sgró Ruata. Voces en off: Mariana Roldán, Laura Ortiz, Rodrigo Fonseca, Héctor Luján, Lucía Miani, Julieta Daga. Diseño lumínico: Simón Garita Onandia. Operador de luces: Lucas Solé. Diseño y operador sonoro: Horacio Fierro. Organización audiovisual: Luciana Sgró Ruata. Operadora de proyecciones: Belén Castillo. Asistencia de escena y peinados: Marysol Fabbro. Dirección de arte: Ariel Merlo. Dirección general y puesta en escena: David Piccotto. Teatro Municipal. Sala Mayor.

 

(*) Nota relacionada: Crítica de Ricardo III, una farsa

http://el-pacto-de-fausto.webnode.com.ar/news/final-con-autenticidad-y-riesgo/