Cuerpos entrenados, propuesta añeja

20.06.2016 22:35

Demencia colectiva. Adaptación del film documental De la servidumbre moderna, de Jean-Francois Brient. Elenco: Colectivo Vertebral. Intérpretes: María Celeste Barilari, Débora Alejandra Candito, María Florencia Campanello, María Cristina Maveroff, Ludmila Daniela Faundez, María del Carmen Carrizo y Luciana Zulueta. Asistencia de dirección y producción: Lourdes Aybar. Producción técnica: Juan Flores. Diseño gráfico: Nice Céspedes. Dirección y creación: Juan Bravo. Sala: Nave Cultural (función del 18-06-2016).

 

Por Fausto J. Alfonso

 

Un espectáculo es un todo. Pero a veces conviene separar las partes. Ésta es una de esas veces. En Demencia colectiva hay mucho trabajo. Trabajo del fuerte. Pero el resultado queda finalmente pegado a la obviedad del planteo, que huele a añejo, casi setentista, con suerte ochentista, por más que la temática tenga una vigencia plena y que, con seguridad, seguirá teniendo en tanto el capitalismo domine el mundo.

¿Por dónde pasa esa temática, que a su vez son varias? Por la sociedad de híperconsumo, la tiranía de la moda, la despersonalización, la competencia enfermiza, la esclavización y alienación laboral, la seducción del showbussiness , la publicidad omnipresente, el etiquetamiento en roles, la militarización de las costumbres, la consabida televisión, etcétera. Todos fenómenos complementarios en el reino de la mercantilización y la cosificación, y asuntos que hacen al “modo burgués”, como bien lo define y estudia Ezequiel Ander-Egg en su libro Formas de alienación en la sociedad burguesa.

El planteo esquemático de la puesta en escena se puede justificar en función de que responde “literalmente” a aquello que se quiere criticar. Pero esa plantilla “dramática-coreográfica” es tan previsible, que el espectáculo pierde espontaneidad y también sorpresa. A ello se suma la presencia de signos muy transitados que aluden a la alienación y al lavado de cerebro al que se nos somete a diario, hasta volvernos en adormecidos autómatas (los rostros cubiertos, la cama, la cartelería, los uniformes, las marcas y productos comerciales).

Así, la propuesta se transforma en un desfiladero de problemas. Tantos, que es imposible plantearlos en profundidad.

En el grupo de jóvenes actrices se advierte aquel trabajo intenso de entrenamiento, que juega con el teatro físico y la pantomima, en un timing aceitado. Flexibilidad, expresividad y coordinación nos hablan de un potencial interpretativo importante, que el director chileno Juan Bravo, todo un especialista en técnicas mímicas y de clown, ha sabido capitalizar. Aunque esto último suene paradójico en este contexto.