Darío Anís frente al desafío del Independencia

11.01.2016 11:06

El timbre de la entrada por calle Espejo no es la mejor carta de presentación de nuestro Coliseo. O Colón, como les gusta decir a algunos. Es una pequeña muestra (y símbolo) de la desidia propia de las instituciones públicas. Por una cuestión de buen gusto, la foto de ese símbolo no se publica aquí, aunque queda a disposición de quien la requiera.

Pero claro, ¿qué es un timbre? Puede que nada. O acaso un llamado, una alarma. Del otro lado de esa puerta, de ese timbre, se encuentran los problemas profundos, las averías estructurales, las desatenciones y desmanejos de años: techos que gotean, canaletas con mugre histórica, parquet levantado, hermosas salas que ofician de depósitos y… el factor humano para la discusión. Empleados en situación confusa, muchos para una misma función, pocos para otras, gente freezada (ñoquis involuntarios), etcétera. Nada muy distinto a otros organismos del Estado, pero sí igualmente alarmante.

A ese submundo de la cultura degradada ha descendido por estos días Darío Anís, conocido actor mendocino. Ya con el atuendo (es un decir, obvio) de director general del Teatro Independencia, promete transparencia, austeridad, equilibrio y jerarquía. Y por sobre todo, dejar la imagen de una buena gestión. Aún cuando otros tantos hayan prometido lo mismo, tenemos en principio la obligación de creerle. De aquí en más, se vienen cuatro años para ir corroborando.

El morocho Anís se perfila hacia el periodista con el cabello rubio. Sabemos que la función pública cambia a la gente, pero no de modo tan abrupto. Ocurre que está filmando una película (Lasaña de mono, de Federico Santos) y ése es el color adecuado para su personaje. También está cumpliendo con las últimas funciones comprometidas de dos puestas que han dado mucho y bien que hablar: la comedia criollísima Mujer celosa, marido mártir; y la biodramática Nunca estuviste tan adorable. Pero poco y nada se lo verá en escena en los años venideros. Sobre el escenario del Independencia, “nunca jamás” mientras sea director, asegura.

La entrevista se desarrolla en el tradicional despacho de la dirección, en el que Anís trabajará “a puertas abiertas” y donde se las arreglará “con una secretaria”, no con “cuatro” –dice- como la directora anterior. Caramelo de miel mediante, como para aclarar la gola, anticipa que el circuito eléctrico del teatro tampoco está en muy buenas condiciones, así que es muy probable que la luz del despacho se apague en medio de la nota.

 

-          ¿Qué lleva a un artista con trayectoria, reconocido y con prestigio en su medio, a aceptar un cargo como éste cuando la política y los políticos están tan desprestigiados?

-          Te diría que esto fue casi como una revancha. Cuando se reinaugura el teatro en el 2002, después de la remodelación, yo estuve como director artístico. Además, había un director de marketing. Esto fue en setiembre, en la época de Iglesias. Vienen las elecciones en octubre, se pierden y en diciembre ya me tuve que ir. Tres meses de gestión. No alcancé ni a poner los portarretratos con la familia (risas). Me fui apenado por no haber podido instalar un régimen de gestión y desarrollarlo, para ver cómo me iba. Cuando aparece esta oportunidad, primero me sorprendió muchísimo. Si bien a Gareca, el secretario de Cultura, lo conocía de su gestión en Godoy Cruz, nunca había tenido trato personal. Cuando me llamó, pensé en que lo único que aceptaría sería el Independencia. Si me ofrecían el Le Parc, por ejemplo, hubiese dicho que no. El Independencia es un espacio que amo. Empecé a laburar acá, como primer trabajo desde la gestión, como empleado del área de Teatro en la época que asume Bordón y estaba Pupi Agüero en Acción Cultural. Tengo buena relación con el personal, con técnicos que están desde hace muchos años. Por eso es como la revancha por algo que no se pudo en un momento. Si tengo la oportunidad de hacerlo de nuevo…

-          Pero ahora sos director general. No hay más director de marketing.

-          Después de aquellas etapas de gerenciamiento, del Instituto Provincial de la Cultura, etcétera, se volvió al régimen de director general.

-          Por estos días, en muchos organismos municipales, provinciales y nacionales se hacen auditorías e investigaciones porque no está claro ni quién trabaja en cada repartición. ¿Con qué panorama te encontraste al llegar al teatro?

-          Responde a las generales de la ley. En estos momentos tengo cinco empleados en el teatro que durante ocho años cobraron, como sueldos, cachets por producción. Es decir, por espectáculos puntuales. Es gente que ha trabajado ocho años sin seguros, sin ART, sin nada, en negro. La gente que pasa a planta permanente es mínima. Bueno… ahora han pasado muchos en otros lugares. Entonces, me encuentro con estas personas que no sé en qué situación están. Si bien ocupan un espacio, hacen un trabajo, han cumplido con lo que le han pedido, en este momento no tienen ningún lugar legal dentro de la estructura. No existen legalmente. No son los únicos. Dentro de la Secretaría hay más. El gobernador ha pedido que esos contratos se dejen sin efecto y después revisar caso por caso quiénes siguen y si se va a tener plata para pagarles.

-          ¿De cuánto eran los sueldos que cobraba esa gente?

-          De 8.000 pesos aproximadamente.

-          ¿Quiénes van a ser tus colaboradores inmediatos?

-          La orden desde la gobernación es que no se contrata a nadie más. Se trabaja con los que están en el equipo desde que empezaron. Yo he llegado desde otro lugar, porque nunca he sido militante. Yo trabajo desde el día que me llamaron para ofrecerme la dirección, no desde antes. No he tenido ningún otro contacto desde lo partidario.

-          Entonces, ¿tenés que encontrar tu gente de confianza entre los que ya están?

-          Exacto. Siempre digo que las cosas hay que tomarlas con tranquilidad. Trato de buscarle a la gente la parte positiva y te puedo asegurar que se la encuentro. Hay gente que ha entrado acá, a esta oficina, llorando. He ido llamando a uno por uno. Una de las personas que ha estado acá freezada ocho años golpeó el marco de la puerta, porque yo trabajo con la puerta abierta, le dije que pasara y no pasaba. Sabía que estaba ahí porque la veía por la rendija de la puerta. Me acerqué y se estaba secando las lágrimas. “Perdóneme, pero no quería entrar así. Primero quiero agradecerle que esta puerta esté abierta, porque esta puerta estaba cerrada con llave, siempre. Era un tema complicado venir y golpearla. Lo único que quiero es que me dé trabajo, porque yo he estado ocho años sin tocar un papel”, me dijo.

-          ¿En total cuánta gente trabaja en el teatro y con cuánta debería trabajar?

-          Por un lado tengo estas cinco personas que tenemos que ver qué hacer. Pero por otro lado, me faltan técnicos. Hoy el teatro se mueve con una planta de seis técnicos. Para que el teatro funcione perfectamente, a full, de martes a domingos, hace falta doce técnicos. Por ejemplo, cuando en noviembre se hizo el Cantapueblo, faltaban técnicos. Los que había venían de estar trabajando 15 días corridos, 18 horas por día, para el certamen Miss Mundo. Acá, en el Independencia.

-          Bueno, en los últimos años pasó de todo por el teatro. Hasta Aníbal Fernández presentó en el 2011, en el marco de un acto partidario, su libro Zonceras argentinas y otras yerbas. Se supone que eso se termina, ¿no?

-          Si es por mí te lo puedo asegurar. Hemos hablado con Gareca de la revalorización del teatro en todos los aspectos. Mirá, en estos momentos tengo inclusive la boletería intervenida por la misma Secretaría de Cultura porque hubo irregularidades muy grandes. Por ahí ves los bordereaux y no entendés qué ha pasado. Encontrás por ejemplo que, durante dos meses hubo funciones de teatro o música que no han superado las cuarenta personas… Algo está fallando, en quien programa o en la comunicación, que es otro tema complicado.

 

Anís tiene una trayectoria como actor (además, dirige) que abarca tres décadas. Debutó en el Joven Teatro Goethe allá por el ’85. Con el elenco liderado por Gladys Ravalle hizo La visita de la anciana dama, La vaca blanca, Con todas las mujeres, Zaratustra, Fausto, entre otras. Alicia Casares, compañera de elenco por aquel entonces, lo dirigió en el infantil Plum, el aventurero.

Es diplomado en Gestión Cultural e Industrias Creativas y creador del ya emblemático Viejos... los trapos, elenco conformado con intérpretes adultos mayores. Con él ha recibido varias distinciones, que se suman a las logradas como actor. Se lo ha podido ver como el despreciable profesor de La lección, de Ionesco; y en el rol del también poco fiable fiscal Katzman de Sacco y Vanzetti (Kartun). Fue dirigido por Francisco Lumermann en Te econtraré ayer y por Hugo Aristimuño en Así vienen los barcos… así los cardos rusos.  

Cristóbal Arnold fue otro director que supo capitalizar su formación (que tiene en los maestros Norberto Presta y Francisco Cocuzza a dos de sus puntales). Lo dirigió en la citada Sacco y Vanzetti, Volpone o el zorro, Una noche con el señor Magnus & hijos y otras. Con Las Sillas hizo Huellas… la fundación de Mendoza y con el elenco Suradas desandó Ser o no ser (haciendo dupla actoral con la hoy célebre escritora Liliana Bodoc, y dirigidos por el padre de ésta, Pepe Chiavetta). También fue el Zorzal Criollo en Gardel 2000 y uno de Los compadritos (Cossa), que bajo la dirección de Rubens Correa se pudo ver en el Cervantes.

 

-          La mayoría de los responsables del Independencia siempre optó por llenar una agenda en función de pedidos en vez de pensar una programación desde el mismo teatro. Pareciera que eso es imposible de revertir.

-          Es muy difícil. Justamente porque no ha habido un corte en este aspecto. Todo esto que vos ves acá (señala una pila de papeles) son todos pedidos para este 2016. Gente que ya viene haciendo su tercera o cuarta edición de tal cosa, y que ya te dicen las fechas serían estas y estas… Vos le decís que este año no lo vamos a hacer y te dicen ¿pero cómo, va a ser la cuarta edición y usted me dice que no? Habrá que ir mediando. Estamos armando la programación, que oficialmente se presenta en abril, aunque antes van a haber algunos eventos. Con la Filarmónica ya pude cerrar una ópera, están las veladas de gala, algunas fechas importantes dentro de lo que se pretende hacer. Lo que pasa es que no hay plata. Cuánto hace también que en el Independencia no se hace algún evento importante o no se trae de Buenos Aires algo que ha dado que hablar. Por otro lado, a los empresarios privados no les conviene este teatro porque tiene 600 localidades, entonces llevan las propuestas al Plaza, que tiene 1100. Hay que ver también cómo se trabaja también con eso.

-          Bajo el argumento que el teatro es de todos, cada artista se atribuye el derecho de trabajar aquí. ¿Cómo se jerarquiza una programación ante esta situación?

-          Obviamente la idea es jerarquizar y hacerle entender a la gente… Planificar una programación, que tenga un sentido, un porqué. A ver… ¿cuáles son los antecedentes de este trabajo que me estás proponiendo? ¿Qué tiene de importante o valioso, para que yo te diga que sí? Empecemos a reflexionar, los propios artistas, hasta dónde el teatro puede abrirse. Abrir el teatro tiene un costo muy importante. A mí me fascinaría poder decirte en setiembre u octubre de este año que vamos a hacer la presentación de la temporada 2017 del teatro.

-          El Estado también debería prever un espacio para esas notas de pedido.

-          Bueno, ¿qué es lo que pretendemos? Trabajar en una red con los teatros del Estado en otros departamentos, con el Roma de San Rafael, con el Ducal, con el de Alvear… Y con el Le Parc, que hoy es un monstruo totalmente deshabitado, que funciona con tres empleados. No quedó nada, ni un foco, porque todo lo que había era tercerizado.

-          Históricamente el Independencia cierra en enero, cuando hay, por un lado, turistas, y por otro, mendocinos con tiempo libre como para ir al teatro. Siempre se argumentó que es por las vacaciones del personal. ¿No se pueden escalonar las vacaciones?

-          Totalmente. Pero el tema del personal técnico siempre ha sido un problema. Recuerdo que en un momento se trajo chicos jóvenes para capacitarlos y a medida que pasaban se los terminaban llevando a otros espacios, y volvían a quedar los mismos. Los técnicos de ahora son los mismos de hace 30 años, no se sumaron más. Es un tema complicado, pero que a mi modo de ver, si hacemos las cosas escalonadamente, se puede. Enero también se usa para arreglar, limpiar, bajar las barras y poner todos los tornillitos que se cayeron durante el año, es decir, todo aquello que no se hace durante el resto del año porque el personal está afectado a la programación. Después de la experiencia mía como actor, el año pasado, con Mujer celosa marido mártir en el Selectro, vimos que la gente va al teatro en enero. Todas las funciones se llenaron. La gente quiere ver. Por eso la gran injerencia que tienen ahora los espectáculos de stand up, por ejemplo, que se han transformado en una posibilidad para que la gente vea.

-          ¿El teatro tendrá presupuesto propio? Porque otro de los reclamos históricos es que con la Vendimia se consume todo el dinero y el resto del año no se puede hacer más nada.

-          No tiene, depende de la Secretaría. También hay que ver lo que se gasta. Las últimas vendimias han sido las más caras de la historia. Por ejemplo, el año pasado por el trabajo de supervisión de la vendimia, que lleva de noviembre a marzo, se pagaron 380 mil pesos, cuando ese trabajo se puede hacer con dos personas y una computadora con un sueldo de 5.000 o 6.000 pesos. Lógicamente, después no hay plata para otras cosas. Por eso es bueno saber siempre cuánto costó la fiesta y qué hay que cambiar para que eso no se convierta en un elefante blanco que se coma el presupuesto de cultura de todo el año. Este año hasta peligró el sueldo de todos los empleados públicos. Hay que hacer siempre autocrítica. Hay que optimizar.

 

Fausto J. Alfonso