Dos propuestas contrastantes unidas por la calidad

07.11.2016 15:00

Por Fausto J. Alfonso

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCENICAS 2016. Dos valiosas propuestas, entre sí muy distanciadas estéticamente, ilustraron la segunda jornada del Argentino de Artes Escénicas en la ciudad de Santa Fe. La verdad de los pies (Córdoba) y La denuncia (Buenos Aires) sumergieron primero al espectador en un espejo de su propio comportamiento, extrañado y falto de trama, para proponerle luego ser testigo de una historia criollaza signada por el machismo, la infidelidad y el humor.

 

Solidez e inconformismo

La verdad de los pies (Estudio equívoco sobre el comportamiento humano), con dramaturgia y dirección de Jazmín Sequeira, desdibuja toda narrativa clásica y eslabona bocetos de la vida cotidiana, con todo el desconcierto, desamor, vacío y azar que ello implica. Nacer, crecer, relacionarse, tocarse, despedirse y ser despedido (abandonado). Volver, equivocarse, bailar y cansarse. El ser humano y su cruce con la atmósfera, sin una geografía precisa, con su solo cuerpo haciéndole frente a esos otros cuerpos que le hacen bien y mal.

Los instrumentos para canalizar tanta energía son cuatro estupendos actores/bailarines (Ana Margarita Balliano, Carolina Cismondi, Gabriel Pérez y Martín Suárez) que completan con su pregnante presencia los perfiles apenas sugeridos de una escenografía que actúa de marco (dicho esto en más de un sentido) en la Sala Mayor del Teatro Municipal.

Momentos de incertidumbre derivan en delirio. O en pelligro. La discriminación adopta un bonito discurso. Los cuerpos se repliegan, animalizan o desencajan según la ocasión, mientras textos –justos y suficientes- ironizan sobre opacas teorías de raza o clase que invitan a reflexionar sobre presentes (y lamentablemente futuras) catástrofes que hacen al “comportamiento humano” y que prueban que este estudio no es tan equívoco.

Lo siniestro (como ese bebé evocador de El Periférico…) danza con la diversidad folklórica (desde nuestro lobizón al drama rural yanqui) y todo conlleva a un sarcástico melodrama tan cerca de lo cotidiano que echa miedo, pero que también nos hace reír. La verdad… nos reconforta con su solidez artística y su búsqueda inconformista.

 

Del patriarcado campero

Por su parte, La denuncia (montada en el Centro Cultural Provincial) retoma un episodio real ocurrido en 1909 -del que sobreviven algunos papeles oficiales y la correspondiente oralidad distorsionada a hoy- vinculado a un tal Bonifacio Estrella, hombre rudo que mantiene atada a su sexo y su dinero a una familia de mujeres.

Escrita por Rafael Bruza, la obra cruza elementos de la Commedia dell’arte con los de nuestra estética criolla, y alterna drama y relato desde textos que lucen un vitalísimo desparpajo. Personajes de tierra adentro, subrayados con prótesis y accesorios varios, nos convidan una historia que carga las tintas en la hipocresía y el falso honor, custodiados por un “semental ferroviario”, el tal Bonifacio, cuyas ideas patriarcales y manipuladoras son tan convincentes frente a las autoridades como para prolongar el estado de las cosas.

Con momentos que nos remontan a los antiguos radioteatros y sus “efectos especiales” y entre criaturas ladinas, acomodaticias y abombadas, el director Claudio Martínez Bel logra crear una atmósfera campera, con uno que otro toque asainetado. Lo interesante es que lo consigue dejando al descubierto las entretelas del espectáculo, permitiendo que el espectador vea cómo, en una suerte de vestidor/retablo, los actores se transforman una y otra vez en distintos personajes, y cómo vienen y se van del escenario en su condición de “actores que llegaron para actuar”.

Federico Cesere, Marcelo Mazzarello, Gastón Ricaud y Marcelo Xicarts hacen una gran labor reproductiva de la caricatura de campo. Sus cuerpos son estampas codificadas, que sostienen gestos bien estudiados (incluidos tics distintivos) y a los que añaden un trabajo vocal convincente y lleno de gracia. En el mano a mano entre personajes (como los notables diálogos entre policías), esas virtudes crecen, se potencian, y sostienen la atención del espectador de punta a punta.