El ayer, pero aquí y ahora

11.11.2015 17:22

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCENICAS 2015.  Tiempos de paz es una propuesta que viene representando a Mendoza en distintos puntos a lo largo del último año. Por ejemplo, pasó por Salta en el marco de la Fiesta Nacional del Teatro; y participó del reciente 11° Festival Iberoamericano de Teatro, en Mar del Plata, donde ganó premios como mejor obra, actuación masculina co-protagónica (Gustavo Torres) y dirección (Daniel Posada). Ahora fue el turno de su presencia en Santa Fe.

La puesta es una adaptación del film brasileño homónimo, dirigido por Daniel Filho, que a su vez se inspiró en Nuevas directrices para los tiempos de paz, obra teatral de Bosco Brasil. Esta versión mendocina es el resultado del trabajo conjunto de Zzin Teatro y Jako Producciones, con dirección del citado Posada. La historia es de una exasperante actualidad y su gran mérito es retratar la Argentina miserable, sopesando hábilmente la comicidad y los momentos graves.

La puesta tiene cierto ritmo, si se quiere, cinematográfico, trabajado a partir de escenas breves, réplicas ad hoc y juegos de palabras, que también encierran hábilmente comicidad y gravedad, además de distancias socio-culturales e ideológicas. Pero la impronta teatral pega con fuerza desde un reconcentrado trabajo del espacio, la decadente postal de una oficina estatal prototípica y las muy buenas actuaciones de José Kemelmajer y Gustavo Torres, aún cuando tengan sus momentos de excesiva crispación física y se acerquen peligrosamente a la comedia slapstick.

La anécdota se sitúa en un tiempo tan preciso como relativo: ha terminado la Segunda Guerra Mundial, pero a la oficina argentina de Migraciones aún no llega la novedad. Su encargado, por ese y muchos otros motivos (personales, políticos, sociales, históricos…) debe entonces tomar todos sus recaudos y no dejar pasar a cualquiera. Como a ese polaco judío que sospechosamente no trae visa ni pertenencias, aunque sí una valija con un irónico sticker que reza “fin del mundo” y… recuerdos. Muchos recuerdos. El bagaje simbólico que servirá de materia prima para la discusión entre los personajes; es decir, lo que motoriza el conflicto y va dejando caer las sucesivas máscaras que uno y otro visten por motivos contrapuestos.

Pero Tiempos de paz no habla del ayer, sino del aquí y ahora. Un presente anclado en lo peor de ese ayer. Mientras las noticias cotidianas sobre la inmigración siria actualizan a diario y a nivel mundial la trama de esta propuesta, Argentina se replica en una burocracia eterna, lamenta aquello del “granero del mundo”, inventa perversas y nuevas formas de obediencia debida, y trata de esconder un pasado de inspiración nazi-fascista, entre muchas otras cosas más ligadas a una forma de monstruosidad institucional que nos negamos a enfrentar del todo y definitivamente por miedo a perder lo poco que nos queda.

Pero si no nos animamos a hacerlo, para ello al menos está el teatro. Y esta obra imprescindible para los tiempos que corren. Que habla del desarraigo y de la insensibilidad, y poesía mediante, de su contrapartida. Porque al dato documental duro se le opone la lírica del actor, en un “juego de representación” que habla bien de los intérpretes y de esa “inutilidad” tan necesaria que es el arte teatral a la hora de hacer detonar nuestra reflexión.

Presentada en el Centro Cultural Provincial, su paso por Santa Fe fue bien recibido por el público. No obstante, la adecuación al nuevo escenario (más amplio que el habitual o, al menos, para el que la puesta fue pensada) no permitió el lucimiento de aquella concentración de acción/espacio. La puesta de luces tampoco terminó por convencer e incluso algunas se rebelaron sobre el final de la historia.

Pero los actores –muy aplaudidos, por cierto- no solo reivindicaron la calidad de la propuesta, sino que hasta sobrellevaron con atinada improvisación y eficacia cómica algunos imponderables, de esos tan típicos de la actuación en vivo.

 

Fausto J. Alfonso