El encastre tan deseado

10.11.2016 09:04

Fausto J. Alfonso

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCENICAS 2016. Como en un juego de encastre típico de la primera infancia, de esos en que los niños buscan formar un todo y le dan vueltas para aquí y para allá durante un rato largo. O, como un cubo mágico, donde los colores coinciden y no, coinciden y no. Así, como una u otra cosa, es Los cuerpos (Teatro Municipal, Sala Marechal), precioso y preciso espectáculo ideado, actuado y dirigido por Ramiro Cortez y Federico Fontán (Bs. As.).

Acá, el rato largo son apenas 45 minutos. Durante ellos, los cuerpos del dúo también vuelven a la infancia, porque no deja de haber un juego, un planteo lúdico esencial. Pero la historia, por decirlo de algún modo, no queda allí, ya que esos cuerpos también recuperan el salvajismo del hombre más básico, primitivo; la sensibilidad de un amante; la agresión del contrincante despiadado; la desdicha del abandonado; y la insistencia del obsesivo (o del perseverante).

La brutalidad y lo homerótico están a la orden del día, con coreografías rigurosas, un par de luces focalizadas que por momentos respiran con delicadeza, y unas máscaras que borran la frontera entre lo animal y lo humano. Cada encuentro de estos cuerpos es un cotejo de fuerzas, aunque las intenciones son siempre distintas, según prime la emoción o la bronca, la sexualidad o la provocación. Pero siempre, sobre la base de la incertidumbre y el riesgo, que es lo que vuelve atractivo al espectáculo todo y a la extenuante faena de Cortez y Fontán, quienes no dan tregua a sus músculos en la búsqueda de ese encastre tan deseado.