El increíble (mundo de) Huck

07.04.2014 12:24

El universo de Carlos Gallardo Huck está constituido por numerosos planetas. Cada uno de ellos está habitado por extrañas criaturas que parecieran brotar de senderos filigranados. O, todo lo contrario, por criaturas filigranadas que en su devenir van creando una ruta nunca antes existente. Así, la trama entre camino y caminante resulta ser tan nítida en su asfaltado final como imprecisa en su concepción. Como pasa con el huevo y la gallina, no se sabe qué fue primero.

Pero además, aquella trama se enrarece cuando detectamos que cada ser, a su vez, es un planeta en sí mismo. Un mundo que -a mitad de ruta entre lo abstracto y lo surreal- conlleva en su interior una descendencia en potencia, un zoológico sin rejas o el producto de la deglución. El fondo se vuelve figura, lo contenido continente y los senderos, lejos de bifurcarse, se fusionan sin respeto por los reinos. Tal vez el estallido de una flor sea el aleteo de un ave y el vértigo acaracolado una espiral de vegetales. ¿Quién sabe?

Lo que sí es cierto, o al menos eso reza el aparato de difusión, es que el 9 de abril, a las 20, se inaugura Exploración perceptiva, la muestra donde Gallardo Huck hará pública una treintena de trabajos (sobre todo del período 2011-2012) y que se podrá visitar durante un mes. Será en la sala Pablo Sacchero (o ECA Sacchero, como se estila ahora), en España y Gutiérrez de Ciudad. Allí, el visitante podrá desentrañar como le plazca qué pretenden esas imágenes de recorridos múltiples singularmente bautizadas como Cardumpez, Axolote o Molécula de pensamiento, por citar algunos ejemplos y valgan los neologismos.

 

  • Si bien has estado vinculado a la pintura, el dibujo e incluso la escultura desde siempre, sos un profesional del diseño industrial y generalmente se te vincula a él. ¿Cuando, entonces, se dan las condiciones para que se produzca este ingreso explícito al mundo de la plástica?
  • Todo el mundo veía esa vinculación. Pero a veces uno no la ve. O la ve como algo natural. Es una afinidad que de alguna manera uno minimiza. La toma como un hobby, como que te gusta. Hasta que surgió como una necesidad y ahí me superó, a mis cuarenta y diez, como dice el cantante. Surgió… –esto es casi como escatológico-, surgió casi como una supuración. Uno va guardando imágenes permanentemente. No sé en qué momento me volví adicto a los caracoles, las piedritas en el bolsillo, a caminar por la arena y ver las formas y texturas… que se fueron guardando. Imágenes que de pronto quieren salir y salen. Y por suerte tuve la conciencia de decir les pongo un soporte que valga la pena y veo qué pasa con eso. Empecé a buscar y a intrigarme. Porque esa es la palabra, una intriga permanente…

 

Con una amplia trayectoria en la docencia pública y privada, el contacto con sus alumnos contribuyó de manera decisiva a la hora de ir resolviendo tal intriga. Más allá del dictado formal y los contenidos teóricos, Gallardo Huck encontró, en la devolución de los chicos, que sus trabajos decían un poco más de lo que –a priori- él pensaba. Y que aquella supuración tenía un “gran basamento abstracto”: imágenes de la infancia, viajes y otros asuntos, todos ellos “codificados”. A la opinión sin filtros de los pequeños y semipequeños, a esa búsqueda sin preconceptos, de alguna manera le debe el título de su muestra: Exploración perceptiva.

 

  • Ciertamente el haber viajado bastante debe haber contribuido a esa sobrecarga de imágenes que ahora salen a la luz.
  • Sin dudas, pero es difícil definir a qué momento pertenece esa imagen codificada, transformada. Es algo muy complejo, una cuestión introspectiva muy fuerte. Ninguna imagen sale porque sí. Ninguna imagen sale si no entró primero. Por eso mismo quizás sea tan lindo.

 

“Siento una intención muy fuerte de hacer formas –explica-. Empiezo a volcarlas con algún criterio de esquema o de estructura, y en el camino –y en esto creo que tiene que ver mucho con algunas líneas que son de automatismo- van apareciendo cosas. Tengo un andamiaje, pero no los planos completos. En el camino voy construyendo, y cada tanto me quedo, con la necesidad de alejarme para percibir si no le ganó el detalle a la estructura”.

  • En los trabajos que vas a exponer hay formas deglutidas por otras formas, lo que hace un doble juego de fondo y figura…
  • Y el fondo nunca se termina de definir… Esa fue una intencionalidad formal. Por eso es que yo me animo a poner que son figuras de un basamento suficientemente abstracto y cambiante. Me ha pasado en momentos diferentes del día ver una obra y percibir y asociar cosas distintas en los mismos lugares. Por definición nuestra percepción es sumamente personal, porque es lo que te dan los sentidos más tu vivencia, que desde ya no es igual en dos momentos distintos. Entonces, olvídate de decir esto es así o asá. Por eso hablo de exploración. Es como ir conociéndote a vos mismo. Pero como todo es tan cambiante yo necesito dejar quieto algo. ¿Qué dejo? Lo que mi percepción alcanzó a percibir lo que estaba haciendo en determinado momento y me animé a hacerlo. Pero no todo el mundo está obligado a verlo a menos que yo lo señale con el dedo o vos te pongas a investigar. Vos vas a querer ver tu percepción, no la mía y eso es lo jugoso.
  • ¿Has buscado más de lo que encontraste o al revés? Si encontrás más de lo que buscás sos un afortunado y si buscás más de lo que encontrás es frustrante.
  • Yo encuentro mucho más de lo que busco. Ahora, ese dilema del buscar y encontrar creo que es difícil. De resolverlo casi estaríamos dando soluciones filosóficas o de ayuda definitiva. Venga acá que a partir de la dibujoterapia abrimos su posibilidad de percepción y sacamos todas esas imágenes estancadas y a partir de ahí tiene una vida más saludable. Así como somos complejos para percibir también somos complejos para combinar los componentes que te da la vida. Hay algunos que buscan más y lo tienen a la vista y no lo van a percibir y otros que en un pequeño fondito empiezan a encontrar un microcosmos. Como en la película Hombres de negro: toda una galaxia escondida en el collar de un gato.

 

Durante algunos años, Gallardo Huck mantuvo estrechos vínculos con México. Viajes de ida y vuelta como intercambio cultural, en el marco de una relación entre la UNCuyo y la Universidad Nacional Autónoma de México, alguna que otra muestra colectiva y un año de trabajo formal en un estudio de diseño. Pero previo a esta etapa, sus incursiones en la Facultad de Arte y Diseño eran “eso, incursiones”. “Eran inquietudes muy personales. A la par de cursar Diseño me ponía a cursar materias con Estela Labiano, Eliana Molinelli, con personajes de Mendoza… Digo personajes porque son gente que le han hecho mucho bien al arte de Mendoza y a mí personalmente. Me ablandaron un dibujo que yo traía del diseño, un dibujo más fotográfico y más preciosista que lo mismo queda en algunos detalles”.

 

  • Uno de los materiales con los que trabajás es la birome, hasta hace algunos años considerado un material bastardo. Aunque ahora hay grandes creadores mendocinos -como Víctor Villacorta- que la usan sin prejuicios.
  • Sigue siendo bastardo. Pero es una tinta y al serlo tiene la bondad de las tintas. Tiene transparencia, podés superponer, da profundidad y da efectos que a mí me sirven. Una cuestión de afinidad con el material es lo primero que te lleva a trabajar. Mi afinidad con el dibujo fue lo primero. Con el dibujo como instrumento, casi como artesano, por el solo hecho de hacerlo bien. Como dice Tito, un amigo de Bermejo: “artesano es aquel que hace las cosas por el gusto de hacerlo bien”. Me gustó esa definición casera. Cada artesano tiene su técnica y trata de perfeccionar esa técnica. Mi técnica era la habilidad placentera de poder dibujar, de hacer trazos con la postura de la birome. Que la puedo compartir quizás con un oficinista, que le encanta firmar, llenar planillas y adora hacerlo desde la comodidad que le da su birome.

 

“Kandinsky dijo ponés en movimiento en punto y hacés la línea; ponés en movimiento la línea y hacés el plano. Y el plano es una mancha y una mancha es pintura. Cuando se hace muy evidente lo que querés decir o supura más de lo que vos podés contener, esa línea pasa a ser mancha. La técnica mía es de un tratado superpuesto y muy denso… Como te lo diría… Una vez un amigo, acercándose y como mirando con lupa me dice “pero esto es casi como si fuera un offset”. ¿Un offset humano? Gracias por el elogio, le dije. Aunque creo que si lo tuviera que definir sería algo así. No es que yo voy pensando ahora va la plancha cian, después la de amarillo, después la de celeste y al final la de negro. Pero en parte sí, porque son tintas que se superponen y hacen todos los colores. Con dos o tres biromes ya está. Tenés todo”.

 

  • ¿Qué pasa con los soportes de esta muestra?
  • Bueno, la chapa que se menciona no es chapa metálica. Es un soporte al que accedí en forma experimental, pero me terminó gustado su superficie. Son soportes de madera reciclada, comúnmente lamada mdf. Pero, como decís vos, ya bastante estoy bastardeando con la birome. ¿Hace falta que diga que es madera reciclada, podrida..? ¿Qué más tengo que decir? Quería darle un poco de glamour, mantener algo de decoro. Digo chapa por decir un soporte duro, que no es un papel.
  • Más allá de esas influencias y formadores de la etapa universitaria, ¿alguien te guió o alentó previamente en el tema del dibujo?
  • Hay alguien al que le tengo que estar muy agradecido: a Sylvapen. Me acuerdo la fascinación cuando empezaban las clases y encontrarme con la famosa cajita Sylvapen, tapa transparente, de seis –o de doce, que ya era un lujo-, con la florcita seudo-margarita… Bueno, pero en serio, desde chico siempre me gustó el dibujo, y también de chico tuvo el honor de ser vecino de Sara Rosales. Siempre me cruzaba a su atelier. Además, con su hijo y otros amigos siempre nos íbamos a la sala de arte del Huentala, que la coordinaba ella y era una de las pocas galerías que había. Era muy importante para nosotros, esa impronta cultural en una Mendoza por entonces muy callada. Era fuerte ver a Ercoli, a Scacco, a Scalco, al mismo Alonso… Los grandes maestros colgados allí y poder llenar y satisfacer cuanta pregunta hubiera. Fue un privilegio. Ahora, ¿por qué todo eso quedó dormido? Y… porque tenía que salir ahora.

Fausto J. Alfonso