Emotiva y atípica apertura del Argentino

07.11.2016 02:21

Por Fausto J. Alfonso

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCENICAS 2016. Creativa. Detallista. Laburadora. Tímida. Los mismos calificativos se repetían y alternaban entre los asistentes. Todos –calificativos y asistentes- se referían a ella. La escena transcurría en el Foro Cultural UNL. Era el homenaje que se merecía; el que la gente de teatro no podía demorar y al que todos se plegaron con afecto, sinceridad y una sonrisa delatora de los mejores recuerdos.

Ella era, fue y es Verónica Bucci. Una mujer que escribió, asistió y vistió al teatro santafesino con humildad y sabiduría; y que se despidió muy joven, dejando sin embargo una huella profunda en un ámbito caracterizado por la fugacidad de los hechos y, a veces también, de los nombres.

Fueron Mili López y Roberto Schneider quienes oficiaron de curadores de la muestra Ella, la Bucci, a la que se puede acceder libremente en el entrepiso del citado foro. Con dedicación y cariño, Mili y Roberto se encargaron de reunir objetos diversos vinculados con Verónica para exhibirlos en esta muestra a la que Carlos Mendez le dio finalmente un criterio de organización espacial y estético.

Trajes y accesorios que fueron parte de importantes puestas, artículos personales, escritos informales (que ilustran sus formas de trabajo y su modo de entender el teatro) se suman a una pequeña pero muy representativa selección de fotos -acompañadas por textos con distintas firmas- y un video en loop (de Magdalena Busaniche) que reúne otras imágenes fijas y algunas breves filmaciones. En charla informal, Schneider subraya el dato: “a la Bucci no le gustaba salir en las fotos”. Sin embargo, su fotogenia no era menor.

Así fue cómo, por primera vez, el Argentino se inauguró “formalmente” con autoridades  (encabezadas por el rector de la UNL, Miguel Irigoyen) y breves discursos, como el de Mili López recordando a Verónica. Luis Novara, el secretario de Cultura de la UNL, destacó este inicio atípico. Fue Ella, la Bucci, quien había logrado torcer la tradición.

 

Redes desorientadas

Tras la inauguración de la muestra, en la sala Maggi del mismo Foro Cultural se pudo ver el primer espectáculo de este Argentino de Artes Escénicas 2016: Amado y perdido, a cargo de la Comedia UNL, con dramaturgia y dirección de Lucas Ranzani.

La propuesta se apropia de un tema actualísimo y, sin embargo, trillado: el impacto de las redes sociales en el día a día sentimental de una persona. Tópico que el cine y la tv han capitalizado, para bien y mal, en poco tiempo, de modo recurrente y ahora ya fastidioso. El teatro, aunque no tardó en prestarle atención, ha sido más cauteloso, y probablemente por ello no haya derrapado tanto.

Pero no es el caso de Amado y perdido, que tras un auspicioso comienzo -quince minutos chispeantes, que pintan para comedia disparatada- sí derrapa, ¡y cómo!, mostrándose tan desorientado como su protagonista Lucía (buen trabajo de Julieta Vigo) ante la falta de respuesta de un “amigo” virtual.

El espectáculo tiene un devenir errante y notables problemas de dramaturgia, como si no supiese desarrollar y reencauzar su comicidad inicial. Y se enreda en sus propios recursos formales, empezando por el uso de (excesivas) proyecciones,  que a veces interactúan con los personajes en vivo, en una especie de ficción en segundo grado, y otras solo suman distracción y confusión, estirando innecesariamente las situaciones y buscando la risa fácil desde estereotipos extravagantes. En los videos hay efectos (distorsiones, reiteraciones, juegos con el encuadre, etc.) buscados, y (d) efectos no buscados. Pero llega un punto donde no importa la diferencia. Simplemente, porque aburre.

El estado alterado de Lucía bien podría justificar los cambios de registro/rumbo del espectáculo (de comedia alocada a thiller psicológico, de allí al suspenso, de éste al policial sin policías, etc.), pero los distintos giros que toma la historia -caprichosos- terminan haciendo de ella capítulos sueltos de distintos libros. Un final, muy tardío y discutiblemente ingenioso, pretenderá hacer cuadrar todo y con ello sí justificar los desvaríos del trayecto.  Pero ya sabemos –en sintonía con Fellini-: el final puede ser muy bueno, pero… en el mundo del espectáculo lo importante es el viaje, no el destino.

La estética del espectáculo tampoco ayuda. Una estructura prevista como multifuncional luce tosca a la vista y torpe en el accionar. El vestuario no suma como signo (salvo en tren de ridiculizar al personaje travestido y nada más); los objetos (dos sillas, una pala, un cuchillo, una flor, los celulares mismos) no sólo denotan una pobreza formal, sino también una limitación en su uso creativo, connotativo. Y las actuaciones (con excepción de Vigo y el notable Raúl Krieg) responden a maquetas televisivas de las más básicas, con gritos, amaneramientos y correteos que la caja boba encerraba en los ’70.

Podríamos decir que el juego verbal de los personajes en alusión a cómo se escribe en las redes, qué intensidad adquieren los signos, cuánta especulación desarrolla el que lee, etcétera, es graciosa y certera. También que hay una reflexión lícita sobre los riesgos de relacionarse en estos tiempos y las presuntas “coincidencias” facebookianas. Pero, aún así hay poco pro para hacerle frente a tanta contra.

 

Dinámico y previsible

La primera jornada del Argentino cerró con la presencia de la Compañía Urraka (Bs. As.) en la Sala Mayor del Teatro Municipal. Kutumpra, tal el nombre del espectáculo, es un periplo musical con instrumentos no convencionales –básicamente percutivos- que deviene en pequeños sketchs pantomímicos sobre temas varios como la guapeza, el poder y la competencia.

La coordinación y la dinámica son inobjetables. Pero cierta previsibilidad y lugares comunes, también lo son. Los cuerpos valen como instrumentos musicales, arquetipos y sujetos/objetos de humor. Los géneros abordados, en amplísimo abanico, evitan el tedio pero paradójicamente no invitan a la sorpresa. Kutumpra es una síntesis estudiada y seria de Les Luthiers, Hugo Varela y Mayumaná, en tanto creatividad, humor y energía. Y en este sentido, tampoco es poco.