La diversidad teatral, esa cosa tan porteña

05.08.2016 20:56

CABA. Tres obras de tres autores argentinos de distintas generaciones permanecen en cartel con singular convocatoria. Sus características ilustran -por enésima vez- la vitalidad que el teatro porteño tiene en términos de diversidad estética y de convocatoria de públicos. Son ellas Los corderos, de Daniel Veronese (1955); Un hombre equivocado, de Roberto Cossa (1934); y Las d’enfrente, de Federico Mertens (1886-1960).

 

Por Fausto J. Alfonso

 

El cuerpo, la carne, la cosa

Los corderos habla sobre cuerpos. Cuerpos que desaparecen, reaparecen y vuelven a desaparecer, tanto por propia voluntad como por la fuerza. Cuerpos tocados, por un simple roce o un profundo manoseo. Cuerpos apropiados por supuestos parentescos. Cuerpos deseados. Cosificados. Desprotegidos, a expensas de los lobos. Heridos circunstancialmente. O no. Cuerpos que no son más que objetos que tropiezan con objetos. En un espacio ínfimo, esos cuerpos juegan suciamente con lo que saben y lo que no saben. Se extorsionan, se gritan, desde un realismo sucio y descarado, pero que también sabe de absurdo, al manipular frases, reiterar acciones, alterar fechas… Una atmósfera enrarecida al tope desde el comienzo y una violencia que incomoda aún más por la estrechez del sitio, ponen en duda las relaciones ¿familiares? Debilidades y necesidades de los personajes quedan al descubierto, pero todo es tan opaco, que uno (por ellos y por nosotros) nunca sabrá del todo por donde va la farsa y por dónde la verdad. En un marco de absoluta hostilidad y carnalidad, demandante de un gran esfuerzo físico condensado en poco más de una hora, se luce con excelencia todo el elenco: Luis Ziembrowski, María Onetto, Flor Dyszel, Gonzalo Urtizberea y Diego Velázquez, dirigidos por el autor. Teatro Cervantes (Sala Vehil).

 

Discreciones de Cossa, discreciones de Cosse

La propuesta lleva en su esencia lo necesario para conmover y hacer reflexionar. Un hombre común metido en un gran dilema: imponer sus principios éticos por sobre un sistema corrupto sin perjudicar el bienestar de su familia. Sin embargo, a Un hombre equivocado le falta nervio (como obra y como hombre) y le sobra resignación (como obra, hombre y puesta). La monótona discreción solo se ve alterada por algunas imágenes y sonidos (la más eficaz, la mixtura pala-taladro eléctrico, sobre el final; otra, el efecto con el que se resuelve la lluvia) o por momentos narrativos/de puesta que engarzan pasado y presente, resueltos con delicadeza. Adaptación del guión que Cossa escribiera con Somigliana para la película El arreglo (1982, Fernando Ayala), Un hombre… se beneficia al entrar en sintonía con el costado espectacular de la Argentina más actual: la coima. Claro que a su lado, parece una extorsión de escolares de primaria. En el elenco, encabezado por Alejandro Awada, despuntan Manuel Vicente y Vando Villamil. Dirigió el veterano y respetado Villanueva Cosse, con algo de previsibilidad. Teatro Cervantes (Sala Guerrero).

 

La otra ventana indiscreta

Las d’enfrente es un modesto canto a la autenticidad, a la posibilidad de ganarse la vida (en todos los aspectos) con lo que se es y se tiene. Asimismo, un ataque a la intromisión en las vidas ajenas y a la especulación social. Este texto asainetado escrito por Mertens en 1909 está nutrido de observaciones costumbristas y comentarios pícaros que ponen al desnudo las distintas concepciones que de la vida tienen los integrantes de una familia de principios del XX, no muy diferente a muchas de hoy. Rubén Stella capitaliza situaciones y gags, logrando una puesta muy entrenida, dinámica, que permite reconocernos y reconocer a otros en más de un aspecto. La preocupación por los hijos y por el futuro (y por el futuro de los hijos) es uno de los temas centrales, explicitado con sencillez e igual hondura. Aunque las actuaciones son muy buenas -sobre todo la de Graciela Pal-, la convivencia de registros enrarece algunos momentos. En este sentido, los personajes de Héctor Calori, Joselo Bella y Myriam Strat están notablemente más volcados hacia la caricatura y la comicidad física que el resto, que se mantiene en un tono de comedia pura, jugando a una caracterización y un humor más sutiles. Teatro Carlos Carella.