Las venganzas serán terribles

13.11.2013 17:45

 

 

SANTA FE. X Argentino de Teatro. Espías, secuestradores y vengadores no tan anónimos tuvieron su cuarto de hora (y algo más que eso). Con todas las diferencias de registro estético e interpretativo, con la puntualidad de un hecho histórico uno y la flexibilidad que otorga la ficción el otro, tanto Operación Pindapoy (Córdoba, dramaturgia y dirección de Jorge Villegas) como Contra-inteligencia (Mendoza, de Nicolás Allegro y dirección de Cristian Di Carlo) pusieron en discusión viejas –o no tanto- prácticas revanchistas apelando a distintos recursos de dispar efectividad.

 

Operación… hace clara alusión al secuestro y posterior asesinato del dictador Aramburu, tras un juicio que los propios Montoneros denominaron popular. A la hora del estreno, fue el propio Villegas quien definió a su obra como “un autopsia sobre el secuestro de Aramburu”, palabras que, ante el resultado de la puesta, lucen de manera ajustada. Porque en algún sentido, una autopsia es un trabajo meticuloso que tiende a ilustrarnos sobre la causa de algo. Y porque en algún sentido, esta Operación Pindapoy es eso mismo.

 

La puesta supone el uso de varios elementos que suelen integrarse a un tono mayormente farsesco, aunque por momentos toque otras cuerdas. Canciones, máscaras, risas grabadas, proyecciones, textos ilustrativos y luchas verbales que a veces apelan al absurdo, se entremezclan con momentos ríspidos e incómodos que sostienen un discurso comprometido con una clara realidad dialéctica, compleja, molesta. Todo esto redondea una Operación… en cierto modo atractiva. No pretende aportar grandes revelaciones sobre un tema ya conocido, pero sí sostener en vigencia y crisis ciertas cuestiones sobre los que algunos pretenden adjudicarse una verdad irrefutable.

 

A veces los momentos se estiran y los 80 minutos finales parecen sentirse un poco más. Aunque desde aquí, la mayor objeción va hacia el intertexto fílmico. El pretencioso, forzado y especulador uso de la obra superlativa El silencio para trazar parangones e ilustrar teorías sobre Dios y el gorilaje, no hace honor a Bergman ni a Villegas. Queda claro que cada uno, por separado, sale beneficiado. Juntos, no.

 

 

Los mendocinos del grupo La Oveja Negra, en tanto, apostaron a la comedia disparatada de Allegro sobre el secuestro de un ministro de economía a manos de un grupo revolucionario menos capacitado que la Armada Brancaleone. El texto no es brillante, pero su espíritu juguetón que suma ingredientes de la cultura popular massmediática (la animación, la música, el fútbol), lo vuelve eficaz para el gran público.

 

El resto lo hacen las actuaciones de Rodrigo Casavalle, Hernán Ortiz Bandes, Hugo Yáñez y, en su debut para el Argentino, Melisa Lara (sustituyendo a Alina Rodríguez Hualpa). Cada cual dota a su personaje de características distintivas, con base en el ridículo, que se sostienen sin baches y que el director Cristian Di Carlo ha sabido administrar en tiempos, de modo que la intriga sostenga su interés sin ser opacada por una galería de caricaturas.

 

Broma va, torpeza viene, el cuarteto de marras termina zampándonos el retrato de una confusión: la ideológica. Que es tanta que no se sabe de dónde se viene ni hacia dónde se va. Y, como dice una vieja frase: uno nunca sabe para quién trabaja.

 

Fiel al tono de la puesta, la política en este caso se presenta como un valor amorfo y disparatado, sin bases filosóficas ni metas claras. Un valor mutante que cada uno va administrando según la conveniencia, pero también el azar.

 

Si bien Contra-inteligencia no se para en ningún hecho de nuestra historia (aunque es probable que su anécdota de partida tiente a más de uno ponerla en práctica), es argentina hasta la médula. Sus personajes contienen mucho arrebato y sensiblería. Dos características que no han dejado de cegarnos a la hora de tomar decisiones.

 

Fausto J. Alfonso

 

Foto 1 (José David): Operación Pindapoy, escrita y dirigida por Jorge Villegas (Córdoba).

Foto 2 (José David): Contra-inteligencia, del grupo mendocino La Oveja Negra.