Los clásicos, con renovadas miradas

14.11.2013 00:42

¡Barrancabajo!

 

SANTA FE. X Argentino de Teatro. Florencio Sánchez y Armando Discépolo se sumaron a esta edición del Argentino revisados por elencos de Paraná y Córdoba, que abordaron respectivamente Muñeca y Barranca abajo. Pero también se dio cita Juan Moreira, el gaucho inmortalizado por Gutiérrez desde el folletín, pero que por méritos propios y extra-artísticos ostenta categoría de personaje clásico, trágico y, como lo demuestra la propuesta rosarina que aterrizó en Santa Fe, asombrosamente vigente.

 

La dramaturgia y la dirección de Muñeca corrió por cuenta de Oscar Lesa. La puesta se erigió como una extraña pieza, ya que desiste del potencial que insinúa en sus primeros minutos para derivar en una crispación descontrolada que roza la bizarrez.

 

El clima enrarecido de una varonil partida de naipes y el sensual contoneo de una mujer fatal se cruzan como punto de partida de este clásico que habla de la decadencia y la fatalidad, entre muchos otros temas que hacen a un complejo planteo existencial. Pero Lesa abusa de los golpes de efecto y de un humor dudoso. Esto, sumado a los personajes, todos de trazo grueso, hace que la degradación de las relaciones y sobre todo el desplome del personaje central, don Anselmo, no sorprendan por más que todo el tiempo haya forcejeos, corridas y escupitajos.

 

Es cierto que Lesa ha querido hacer su Muñeca. Y sin dudas lo logró. Le dio una vuelta de tuerca, que apunta la mirada hacia la amistad y la traición, en términos verbales y de escenificación impensados en 1924, año de origen del texto. También entendió que en el cruce de comicidad y tragedia del original estaba la tensión y la valía de la obra, pero más que cruzarlos los hizo chocar y las lesiones (que por el juego actoral podrían haber sido o pueden llegar a ser literales) se hacen notar.

 

Mucho más airoso salió Edgardo Dib, a cargo de la dramaturgia y dirección de la obra de Sánchez, rebautizada ¡Barrancabajo! e interpretada por la Comedia Cordobesa. Aquí la crispación alertada desde el tìtulo adquiere otro sentido, producto de la impotencia que sufre Zoilo ante el atropello de los poderosos. Pero es una crispación que no está a la deriva y cuya efectividad responde a una marcación actoral precisa, que además se potencia con el recurso de la reiteración oral y visual.

 

La propiedad, la familia, el derecho, el orgullo y la supervivencia están todo el tiempo en juego en la escena, del mismo modo que todos los personajes conviven de principio a fin a la vista del público. Pero es la potencia de un texto que parece escrito ayer lo que termina empujando al espectáculo todo hacia delante, perdonando uno que otro pasaje sobreactuado o la manipulación innecesaria de algunos objetos. El subrayado musical, trágico y recurrente, oficia de complemento ideal de esas letras que lastiman y que, lamentablemente, se refieren a nuestro hoy.

 

Por su parte, Moreira Delivery, escrita y actuada por Pablo Felitti, y co-dirigida por éste y Hernán Peña supone una actualización del tema del perseguido, ahora en tiempos en los que abunda la cumbia, la merca y el fast-food, pero también la insensibilidad, el prejuicio y el desinterés. La idea no es mala, pero en general el discurso no deja de sonar demagógico y oportunista, por más que derive del empeño puesto en la observación de tipos y/o situaciones. O, quizás, por culpa de ese mismo empeño.

 

La practicidad del dispositivo escénico le permite al actor trucar tanto su apariencia como la de su entorno en numerosas ocasiones, pero el recurso se agota a mitad de la historia y el importante esfuerzo de Felitti por sostener el carisma sin importar la máscara que porte no alcanza para la mitad restante, que se pierde en la previsibilidad y lo rudimentario.

 

Fausto J. Alfonso

 

FOTO (José David): ¡Barrancabajo!, a cargo de la Comedia Cordobesa, con dirección de Edgardo Dib.