Luciano García: “He domado al gran caballo negro”

17.08.2023 17:12

Por Fausto J. Alfonso

 

Luciano García Güdell, uno de los fundadores del elenco Dos Huérfanos (aquél de Fedra prozac, Cabaret punk, Big bang baby), pasó como una ráfaga por Mendoza, a punto tal que ni tiempo hubo de entrevistarlo en vivo. La idea era al menos saber qué le inspiró o dejó de inspirar esta bendita provincia durante su visita. Alejado de estos lares desde hace más de una década, y vuelto una especie de trotamundos, por suerte accedió a una charla vía satélite y cable coaxial mediante. Más aplacado y reflexivo, aunque siempre con un toque polémico, el director piensa que el mañana es mejor y confía en los jóvenes que vienen. El resultado de la interview es lo que sigue:

 

- Supe de tu paso fugaz por Mendoza. ¿A qué se debió la visita y por qué fue tan breve?

- En principio sí, mi paso por Mendoza fue breve. Iba a visitar a mi familia y por otras cuestiones personales. Fue después de más de una década, aproximadamente, de estar viviendo no solo en espacio Schengen, Barcelona, España, sino también en Portugal, en Italia; en Toulouse, Francia; en Ámsterdam, también en India y África. Volviendo por América, afincado un tiempo en Perú, entré por el Norte a esta hermosa tierra, Argentina. De alguna forma, como volviendo a cerrar ciclos y para ver si podía abrir otros. A observar, a entender como estamos o estoy, quienes somos o soy. A completar el viaje interior con el externo… y se completó. Mi Dios no juega dados, quizá esté a mi favor, recitó alguna vez Solari.

- ¿Cómo encontraste la Mendoza teatral? ¿Pudiste ver alguna función?

- Mis observaciones son personales y no significan que deban ser ciertas y si alguien se siente identificado con alguna, son siempre hechas con afecto y para sumar. Vi algunas obras y conversé con viejos amigos y amigas y es más interesante lo que salió de esas charlas que lo que yo pueda opinar. Ellos, que trabajan en diversos elencos en la ciudad, corroboraban, asentían, negaban o explicaban el panorama. Las conclusiones fueron: mucho teatro de dudosa calidad y obras que nunca cierran, por las luces, los actores, la dirección, el contenido, etcétera. Falta de profundización y estudio al abordar obras de estéticas disruptivas o “estándares” como el realismo naturalista. Un humor devaluado al stand up de risa fácil, casi televisivo. Hacedores culturales o líderes de elenco que no están actualizados en sus temáticas o ejercen roles para los cuales no tienen preparación… Por ejemplo, una persona que toda su vida trabajó Grotowski, haciendo la dirección de actores de una opereta. También, en algún otro caso, foráneos (gente con trayectoria en Buenos Aires u otros lugares) respaldando los nombres de elencos o de directores locales que llevan años en actividad y todavía no salen del cascarón de su ego. Y mucha repetición en cuanto a fórmulas que alguna vez dieron éxito y que ya están caducas. O la función número 5.000 de tal obra, al mejor estilo récord Guinness. Mucha copia a teatristas retirados o que ya no viven allí, también. Pienso que la escena local está en un proceso como por el que pasó la literatura decadentista ¿Qué se puede escribir luego de Baudelaire? Ese decadentismo que duró 50 años, en el que uno de sus exponentes puede ser Apollinaire, fue “il crollo”, el final de años de grandes escritores y el colapso de una nueva generación que no sabía qué y cómo escribir y de continuos escritores residuales que no supieron dar fin a su carrera. Un verdadero artista sabe cuándo debe parar, si dominó su ego claramente. Si no, generalmente continúa y se degrada, ya que se copia a sí mismo, se aburre, se repite y termina siendo un bufón de estado, un bufón del rey. Volviendo al decadentismo literario en analogía con el teatro, después de esa decadencia volvió la luz y se pudo seguir leyendo. Soy positivo en esto y tengo fe en los jóvenes que vendrán. Mañana es mejor… mañana es mejor.

- Dos Huérfanos cumple veinte años. ¿Has previsto algo especial?

- Sí. Algo especial hay. Fueron muchos años y muchas obras. El año pasado cumplí 30 años en el medio. Empecé a los quince años con Marcela Montero en el ciclo preparatorio de la Facultad de Artes y Diseño, que ya no existe más y, a la par, en el elenco de Filosofía y Letras dirigido por Elsa Cortopassi, pasando luego por casi todos los elencos en calidad de actor. De ahí a Buenos Aires y luego a Europa. No olvidando nunca a mis compañeras y compañeros de trabajo, grandes artistas como Marta Neme (co-fundadora del elenco, de perfil multifuncional) o a Horacio Ochoa, técnico del elenco, ideólogo de muchas puestas de luces. Y al público, que llevo en mi corazón y a quién debemos nuestra trayectoria y los teatros continuamente llenos en cada función. Tengo más de veinte obras escritas, centenares de puestas en escena en guardadas en programas. Estudié con Mauricio Rinaldi en el Teatro Colón... Tengo previsto algo para los veinte, pero… Lo que sucede es que quizá mi visión con respecto al teatro haya cambiado. Hoy por hoy acuerdo con Peter Greenaway y su postura o idea sobre que el cine ya es obsoleto. Ya vimos la pantalla gigante, ya nos sentamos frente a la arquitectura “a la italiana”. Probamos luces, robots, mapping y todo tipo de tecnologías (un tenedor para comer ya lo es), hablamos de todos los mitos y arcanos de la historia, día tras día, obra tras obra. Y soy contradictorio, quizá mañana cambie esta idea. Pero, feliz o lamentablemente, creo que el teatro como pieza única de arte, como un mármol gigante que se talla pieza por pieza, segundo a segundo, ha muerto.

- ¿Te contactaste con el INT estando en Mendoza?

- Sí, por segunda vez en toda mi carrera y no recibí ningún tipo de contestación, solo cortesía, días esperando y la decisión de decirle al representante actual, gracias, déjalo allí, ya me las arreglo, como siempre. Las personas cambian, de acuerdo como les da el sol.

- ¿Hablaste con otra gente? ¿Gente de Cultura de la Provincia o de Capital, por ejemplo?

- Sí, directamente no contestaron. Creo que sus intereses están en sus alrededores o directamente no hay interés o no hay infraestructura para la cultura. Quizá no sea hacia mi persona. Se toman cargos que luego no se saben gestionar o se gestionan según preferencias, cuando lo público es de todos, son mis derechos y contestaré con mis deberes.

- ¿Dónde estás afincado ahora?

- Ahora vivo en Barcelona e Italia. Voy y vuelvo por cuestiones laborales. A mí me gusta todo y todo pude ser. Es ley de la vida, el movimiento.

- ¿En qué maduraste como director en estos veinte años y en qué te falta hacerlo?

- En trabajar sobre el ego, que es el principal motor de los artistas. En estar consciente, en despertar. Siempre fui un mago que inventó realidades paralelas e historias y las llevó a escena. Ahora entiendo que un mago debe ser impecable. En esto estoy trabajando y seguiré. En ser una persona serena, que es una forma de felicidad según Borges. En estar completo en las cuatro dimensiones de mi ser. El teatro catalizó mis imágenes proyectadas. Ahora, introyectadas, me conozco cada día más a mí mismo, quiero ser aplaudido por mí y esa es la persona que ahora es feliz, no la que conocieron llenando teatros gigantes y yendo a festivales. Sí, hice cosas que hasta el momento no se habían hecho en el mundo, por eso las salas llenas, los aplausos, los teatros de jerarquía, las notas… Fue otra persona, con otro nombre y apellido, en otro cuerpo y no fue tan feliz. La de ahora es mi mejor versión, que debo seguir mejorando y la que me hace feliz, sin tanta pompa social ni aprobaciones. Ahora he domado un concepto, he domado al gran caballo negro… la vida y todos sus miedos.

- Si volvieses a Mendoza, ¿cómo te gustaría que fuese?

- Bella, como siempre ha sido y con gente nueva e ideas que nos integren a todos y todas como sociedad. Aunque no viviría en Capital. Hoy mis lugares son la montaña, cielos de colores o un pueblo a orillas del mar. Solo allí se contempla la magnitud de la vida y su profundidad. No aprendes de lo tóxico y las malas experiencias. Aprendes del clima, el silencio y la quietud.