Pasiones complejas y enfrentadas

14.11.2013 17:24

 

 

SANTA FE. X Argentino de Teatro. Es de noche. Volodia y Scarpa se toman los tiempos en la casa del primero. También beben. El segundo mucho más que el primero. Se chicanean. Tratan de hacer caer al otro, tanto por medio de argumentos remanidos como a través de ingeniosos planteos en los que reina la ironía, pero también la envidia. O la bronca. En definitiva son dos creadores cuyos egos esperan el momento de imponerse por K.O.

 

Pero la idea de la obra del prestigioso español Juan Mayorga no es justamente declarar un vencedor ni dar por cerrado un tema, más allá de cierta referencia boxística expresa. El crítico (Si supiera cantar, me salvaría) recorre con agudeza, a veces de modo distante y elegante, otras de manera apasionada y caliente, los diferentes tópicos que se desprenden de la relación entre artista y crítico. Pero avanza más allá, buscando entender al hombre detrás de su disfraz, adentrándose en sus conceptos sobre los afectos, el sexo opuesto, el éxito, la lealtad, el instinto, la vida.

 

Guillermo Heras, perito en puesta en escena, es un teatrista polifacético que, entre otras cosas, domina teóricamente el tema que aborda la obra. Probablemente sea eso lo que le haya facilitado, más allá de cuestiones técnicas, captar los tiempos del debate y generar una atmósfera apropiada. Los sutiles detalles de la puesta en escena (tanto desde lo sonoro como lo lumínico) nos van involucrando sostenidamente con ese ambiente, mientras la estructura dramática –de desarrollo clásico- nos convence de la relatividad y riqueza de cada argumento esgrimido.

 

Volodia es un crítico a la vieja usanza. Escribe a mano, en viejos registros de venta de entradas del teatro Metropol (ése en el que trabajaba su madre de taquillera y su padre de acomodador) y, antes de que las agujas marquen la medianoche, llama a la redacción y dicta su sentencia por teléfono. Detalles como esos suman poesía al espectáculo y a la vez permiten detectar los problemas de siempre más allá de la evolución en la práctica del oficio.

 

Las estupendas actuaciones de Pompeyo Audivert (Scarpa) y Horacio Peña (Volodia) nos permiten contactarnos con seres complejos. Que sí, reúnen una serie de previsiones propias del autor y del crítico prototípicos, pero que jamás caen en el estereotipo. Ni aún cuando el juego los lleva a la inversión de roles. La letra es mérito de Mayorga, claro, pero que el dueto la ha captado en plenitud no cabe duda. Y que han comprometido el cuerpo con una amplia gama de matices, tampoco.

 

Como toda obra de teatro autorreferencial y que juega a contener en sí misma otra u otras obras, El crítico… corre el riesgo de volverse caprichosa en algunos momentos al extenderse por demás, distraída por el goce que le produce hablar de esa pasión, la teatral. Pero aún con esos minutos de más, la propuesta seduce y convoca a mirar y reflexionar con igual intensidad.

 

Fausto J. Alfonso

 

FOTO (José David): Pompeyo Audivert y Horacio Peña en El crítico (Si pudiera cantar, me salvaría), de Juan Mayorga. Dirección: Guillermo Heras.