Poética dialéctica entre idiotas

13.09.2017 11:26

Por Fausto J. Alfonso

 

Ke y Ku encierran muchas preguntas. Algunas hacia sí mismos. Otras, dirigidas tácitamente al espectador. Preguntas que tienen que ver con el tiempo, el espacio, el ser (y el saber ser, si es posible), el movimiento, los trayectos... Hasta sus propios nombres suenan a interrogantes. Pero Ke y Ku también han sabido darse respuestas. Entre ellas, la de crearse un modo de vida, fingido y consensuado, que les permita sostener la convivencia más allá de todo obstáculo. Son idiotas dependientes del otro, pero conscientes de sí mismos y de su propia idiotez.

Ambigua, serena y profunda, Los idiotas, del dramaturgo, periodista y ex funcionario uruguayo Carlos Liscano recupera para la escena mendocina el absurdo como estética y hace coincidir (como Elulular/Teatro de tierras áridas) a tres teatristas de probada trayectoria: Juan Manuel Chifani, Laura Volpe y Paula San Martín. Son ellos quienes redondean un espectáculo que tiene su potencia en lo preciso y lo delicado.

 

KE: ¿Crees que cuando te vayas yo voy a salir corriendo detrás de ti? ¿De ese modo me ves, siguiendo tu figura irresistible por esos caminos?

KU: No sé cómo te veo. Hace tiempo que dejé de verte. En cambio, tú vas a comprobar que no te quedas. Te lo digo yo.

KE: Y yo te oigo, Ku. Te oigo hablar de ese modo y no te reconozco. ¿Quién eres? Perdóname, es como si me hubiera puesto a hablar con un desconocido.

KU: Bueno, amor, permíteme presentarme. Soy Ku, Ku el magnífico, con el que has venido marchando tantos años.

KE: Encantado. Yo soy Ke.

 

Tales características se revelan tanto en el trabajo de marcación de las actrices, la tarea interpretativa de éstas (cada una acentuando su perfil, sin desbordes, con ternura o juguetona indignación, según el caso), la puesta en escena y el diseño de luces. Éste último (gran aporte de Augusto Beningazza), tal como lo requiere el propio Liscano en su texto original, es el responsable de crear el ambiente. Pero no solo conformando una atmósfera general para el espectáculo, sino revelando poco a poco los senderos que desandan los personajes y los microclimas que padecen a lo largo de lo que se supone un año, de primavera a primavera.

 

KU: Te escucho, pero no te sigo. Me prometiste intentar hablar para que yo entendiera. Y luego vienes con esa frase. Tú los ves, perfecto. Me dices que los ves y yo entiendo todas las palabras. Pero ¿a quiénes ves, Ke? Explícame un poco más, te lo suplico, si no me quedo del lado de afuera, sin entender.

KE: A todos, Ku, veo a todos, a la gente.

KU: ¿A toda la gente?

KE: A todos en general.

KU: Yo no puedo, Ke. Yo veo poco, veo de a uno, de a dos. A veces más. Pero nunca a todos. KE: Yo sí, Ku. Yo los veo a todos, y entonces me pregunto: “¿Pero cómo pueden ser, cómo pueden ser?” Me pregunto a mí mismo y les pregunto a ellos. Les pregunto con la mirada, con el gesto, porque las palabras no me salen.

KU: Es muy hermoso eso que dices.

 

La poética se basa en la reiteración y en lo lúdico, en las pequeñas variaciones. El austero planteo escénico (cero escenografía, algunos pocos trastos), los diálogos “pingpongneados” y la esencia de los personajes nos remiten irremediablemente a Grotowski y a Beckett. La historia, a su vez, bien puede emparentarse con la de Fando y Lis, aunque menos cruel e igualando el género (aquí se trata de dos hombres de indefinida edad, amparados en espeso maquillaje).

 

KE: ¿Conoces la historia del hombre que marcha en el bosque?

KU: No.

KE: Había una vez un hombre que avanzaba a través del bosque y se sintió perdido. Como había oído decir que en el bosque, cuando uno quiere avanzar en línea recta acaba avanzando en círculo, y es entonces cuando se pierde, él, para no avanzar en círculo, comenzó a avanzar en círculo. De ese modo, si bien no avanzaba en línea recta, ya que avanzaba en círculo, tampoco avanzaba en círculo, que es lo que hacen todos los que se pierden en el bosque. Y de ese modo dejó de sentirse perdido.

 

Como en la obra de Arrabal, uno arrastra al otro y éste se deja arrastrar, en un devenir cíclico que termina siendo un agudo estudio sobre la convivencia, sus conveniencias y sus karmas. ¿De dónde vienen y hacia dónde van Ku y Ke? ¿Qué buscan en particular? ¿Qué objetivo tienen, si lo tienen? ¿Alcanzan las palabras de uno para explicarse frente al otro? ¿Vale la pena caer en la trampa de que en realidad lo de Ku y Ke es un viaje a sus mundos interiores? ¿O mejor conviene asegurar que se trata de un recorrido sin sentido, acorde con el sinsentido del mundo de hoy, de un mundo que ha desvariado mal? ¿Sirve de algo ponerse en el lugar del otro, cambiar los roles?

 

KU: Es la verdad, Ke. Eres idiota. Aunque no es exactamente la verdad.

KE: ¿Es la verdad y no es exactamente la verdad?

KU: Sí, Ke. Porque en realidad yo no creo que seas idiota. Yo sé que en el fondo tú te haces el idiota para que yo te arrastre. Te gusta que te arrastre y no conoces otra forma de conseguirlo que haciéndote el idiota.

KE: Entonces creo que estás en lo cierto, Ke. Yo no soy idiota. Pero te equivocas en algo. Yo siempre he creído que el idiota eres tú, y que lo único que te gusta es arrastrarme. Por eso me hago el idiota, para que me arrastres, y te sientas feliz.

 

A diferencia del film homónimo de Lars Von Trier, donde los pseudo-idiotas ponen a prueba a la sociedad, aquí Ku y Ke se ponen a prueba a sí mismos. Chequean su resistencia frente al otro (al que aman pero también soportan) y practican su creatividad en la comunicación verbal y gestual. Así, terminan planteando una dialéctica sobre la simbiosis a la que han arribado. Que el espectador disfruta gracias a su indisimulable carga de poesía, mientras se colma de interrogantes.

 

Ficha:

Los idiotas. Autor: Carlos Liscano. Dirección de actores y puesta en escena: Juan Manuel Chifani. Elenco: Elulular. Teatro de Tierras Áridas. Intérpretes: Laura Volpe y Paula San Martín. Diseño lumínico y asistencia técnica: Augusto Beningazza. Concepto visual: P. San Martín y L. Volpe. Fotografía: Carolina Rojas. Producción ejecutiva: P. San Martín. Sala: Nave Cultural (2), España y Maza, Mendoza. Función del 08-09-17.