Por sobre el grupo asoma una Gurisa

07.11.2017 19:28

Por Fausto J. Alfonso

Fotos: Magdalena Busaniche

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS 2017. EPISODIO 3. La cuota de fervor popular -sobre y bajo el escenario- del Argentino de Artes Escénicas 2017 estuvo en la presencia de Eran cinco hermanos y ella no era muy santa. La hoy clásica creación de Miguel Iriarte, que ha estado girando por el país los últimos meses, se presenta totalmente aggiornada y en clave musical, en esta versión del talentoso David Piccotto, el mismo de la estupenda Las tres hermanas. Sin embargo, Eran cinco… es larga y tediosa; y desnuda su verdadera teatralidad cuando los minutos ya están muy avanzados, luego de una maratónica cantata cumbiera.

 

Si la brevedad debía llegar, lo hizo con Transmuteiyon, intervención coreográfica de 20 minutos, producto de la Convocatoria UNL “El cuerpo todo. Cuerpo disciplinado”. Un grupo concertado de artistas de distintas especialidades invadió la Plazoleta Fragata Sarmiento para sembrar asombro y confusión en los ocasionales espectadores. La efímera experiencia abusó de un lenguaje críptico para hablar de cuestiones que son cotidianas y que nos anestesian todo el tiempo sin que nos demos cuenta. Es decir, lo simple se enriqueció -quizás- con la complejidad del arte, pero no nos sustrajo de la anestesia. En una instancia de devolución, sus responsables (un equipo grande dirigido por Gastón Del Porto) explicaron que su intención fue la de trabajar los pecados capitales como imperativos capitales. Bueno… claro, lo que se dice claro, esto no quedó.

 

Con Gurisa (dramaturgia y dirección de Toto Castiñeiras) el Argentino tomó otro rumbo. Mezcla explosiva de melodrama campero y drama gauchesco bordado con picardía y mordacidad, sin dudas es uno de los platos fuertes del evento. La sintonía que se establece entre la acción física, los efectos sonoros y el diseño lumínico es irreprochable. El conjunto es shockeante y dinámico; el interés no decae nunca y aquello de lo que se habla jamás pierde espesor, no por lo novedoso del tema sino por cómo se cuenta. La corporalidad de todo el elenco nos sumerge en figuras y acciones de calibrada elaboración, significativas. Inclasificable, Gurisa encierra el espíritu violento de un malambo, el sentido trágico del chillido de un chancho y el efecto cegador de los refucilos en medio de la nada. Todos los personajes de la Pampa, que la historia y la literatura ayudaron a estereotipar, están presentes, pero atravesados por la originalidad de una cabeza, Castiñeiras, que no por nada forma parte del Cirque du Soleil. En Gurisa hay mucho instinto, sudor y lucha. Pero sobre todo, creatividad.

 

De Tucumán se pudo ver en el Teatro de la Abadía Amar amando (o los ojos de la mosca), con dramaturgia y dirección de César Romero. Una obra planteada en el pasado pero que habla del porvenir. Porque estamos en los ’70 peronistas frente a un retrato familiar tenso y claustrofóbico donde no cesan las referencias a los niños “como buenos cuadros” (políticos), es decir como “el futuro”. Pero claro, todo niño proviene de una madre y toda madre inocula en la criatura su impronta, que no siempre es benigna. Llevada al límite en términos de actuación, con mucho roce físico y estallidos verbales, y con varias escenas definitivamente grotescas (un almuerzo brutal, por ejemplo) Amar amando… nos habla con convicción e ingenio sobre los legados, las tradiciones y las clases sociales, pero también sobre los ocultamientos y patologías intrafamiliares y sus cruces con las prácticas políticas, que también esconden y enferman. La música en vivo suma bastante. Un video, sobre el final, resta.

 

Empleados (de Buenos Aires, con dramaturgia y dirección de José Mherez) es, por su parte, una panorámica de la precariedad laboral de estos tiempos. No nos dice nada nuevo, pero entretiene y permite reconocer durante un mismo viaje las variantes de la esclavitud moderna y del desempleo. Pero también las prácticas que ejercitan aquellos que logran obtener un puestito, siempre mal pago. El que goza de su mini-cuota de poder al estar a cargo de una barrera o aquel otro que hace catarsis telefónica mientras la gente se amontona rogando una atención rápida. Es decir: el sistema alimentando los típicos enfrentamientos entre pares. Con unos pocos elementos que se van refuncionalizando y el uso irónico de relojes y pantallas que se tildan o anuncian siempre lo contrario a lo esperable, Empleados es una mirada crítica desde un formato benévolo, sin mayores pretensiones.