Raoul Servais, referente mundial de la animación

26.01.2014 16:27

Nacido en Ostende, Bélgica, el 1 de mayo de 1928, Raoul Servais es uno de los más prestigiosos directores de animación a nivel mundial. Sin embargo, poco y nada se conoce de sus méritos por estas playas argentinas. Fue su único largometraje, Taxandria (1994), el que hizo un poco de ruido por aquí, pero antes y después de él se despliega una vasta obra de cortometrajista en la que confluyen, a lo largo de toda ella, su compromiso profundamente humanista, un análisis socio-político implacable, el afilado uso del sarcasmo, la voluntad de experimentación técnica y estética y la plena conciencia de que la animación evoluciona a cada segundo y no hay que perderle los pasos.

Si bien se metió de lleno en la especialidad en los ’50 (década que incluyó un breve y conflictivo período de trabajo con el gran René Magritte), fue en 1965 cuando uno de sus cortos concitó la atención. La nota falsa, tal su nombre, hizo eje en temas que serían afines a toda su producción: el individuo fuera del sistema, la moda y el consumo, lo moderno y lo tradicional. Motivos que encontraron su ilustración en una narrativa contrastante, en la batalla entre lo monocromo y lo colorido, en una partitura muy parecida al collage y en un tono general obviamente crítico aunque no exento de cierta emoción infantil.

Raoul Servais

Con Chromophobia (1966) apuesta a un claro mensaje anti-bélico en general y anti-nazi en particular; referencia a Picasso; busca alegorías en el mundo de las aves (su recurrencia a animales será una constante en su obra); y apuesta a una banda sonora que se mueve entre lo amenazante, lo opresivo y lo nostálgico. En Sirena (1968), el dibujo se ablanda, aparecen las ondas, el amor y la poesía en cierto sentido romántico. Pero la mirada hacia lo macabro del mundo contemporáneo (llámese ahora contaminación ambiental) no cesa. Servais juega con imágenes fijas, nuevos pájaros acechantes y una atmósfera en la que el ser humano lucha denodadamente por su libertad.

En una vuelta al monocromo y al dibujo más bosquejado, Golframe (1969) abreva en la idea de la ambición desmedida y las distorsiones del poder. El personaje protagonista es un pope de la industria cinematográfica, que desnuda su naturaleza frente a su propia sombra, no menos poderosa y cruel, lo que le permite al director apelar al absurdo y al expresionismo y lograr una petit maravilla de apenas 4 minutos.

En 1970 Servais realizó To sepak or not to speak, donde a conocidos blancos críticos (como la guerra y el consumismo) suma otros como los medios de comunicación. Tomando mucho de la estética del comic (comenzando por sus globos), pero llevando a un primer plano su costado juguetón, ingenuo y divertido, el belga redondea una obra psicodélica (estamos en pleno auge del asunto) y pone en crisis la palabra LOVE.

Una de sus obras más crípticas es Operación X-70 (1971). Acá fusiona animación, foto fija y simulación de diapositivas para indagar en los efectos de la experimentación nuclear y la guerra tóxica. Vuelve a una ironía dolorosa, a pájaros de ambos bandos (amenazantes y salvadores) y al monocromo, aunque con atisbos de color.

Con Harpya (1979) obtiene el premio al mejor corto en el Festival de Cannes. Considerada por muchos como una de sus mejores películas, cuenta la relación entre un hombre y una arpía, en un tenor sombrío y generando un clima tétrico producto del peculiar cruce de animación, actuación y trucaje de fondos.

Taxandria (1994) es el único largo de Servais y recibió numerosos premios internacionales. Protagonizado por Armin Mueller-Sthal y Elliott Spiers, el film posee fondos ilustrados y momentos de animación, que remiten a la estética del director pero que son vinculantes con la obra de Paul Delvaux, a quien más tarde Servais le dedicaría explícitamente su maravilloso corto Mariposas nocturnas (1997). El film cuenta la historia de un niño que traba amistad con el encargado de un faro, y éste le convida la posibilidad de saber sobre Taxandria, un extraño reino donde el progreso y el tiempo están prohibidos. Es decir, un nuevo mundo distópico, en la línea de Fahrenheit y 1984.

Algunas otras obras de Servais son Pegasus (1974), una de sus animaciones menos elogiadas, pero con un gran trabajo de sonido (rubro que siempre le generó pesadillas al creador); la inquietante y premiada Atraksion (2001), sobre unos prisioneros que caminan de un modo y en un sitio que no convienen revelar aquí; y Winter days (Fuyu No Hi, 2003), film colectivo de origen japonés que reúne a 36 artistas, cada uno de los cuales adapta un haiku de sendos poetas nipones.

Para cualquier cinéfilo, sumergirse en el mundo de Servais implica conocer buena parte de la historia de la animación belga (una de las más importantes del planeta), las diferentes técnicas, combinaciones y alcances estéticos de este director, y la contundencia con que un dibujo animado puede impactar en un espectador a partir de su doble alcance: el poético y el cuestionador. Para quienes no lo han frecuentado, la invitación queda hecha.

 

Fausto J. Alfonso