Charla con Rubén Szuchmacher: “La subjetividad se ha convertido en un fetiche”

04.11.2017 15:42

Por Fausto J. Alfonso

Foto: Magdalena Busaniche

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS 2017. EPISODIO 1. Una charla bautizada El teatro que hacemos cada día marcó el inicio de una nueva edición del Argentino de Artes Escénicas en la capital santafesina. El actor, director, productor y gestor Rubén Szuchmacher fue el responsable de llevarla adelante, de manera lúcida y entretenida, sintetizando el presente del teatro argentino a partir de un agudo poder de observación y haciendo uso de una ironía medida y nunca pedante.

“Una persona que todavía ama el teatro”. Así definió alguna vez Lautaro Vilo a Szuchmacher y basta con escucharlo un poco para corroborar la frase. Del mismo modo en que te da enormes satisfacciones, el teatro siempre te espeta obstáculos. Sin embargo, para el disertante como para tantos otros vinculados a la actividad escénica, lo segundo pareciera no contar. Siguen adelante, no bajan los brazos, contra todo pronóstico desalentador.

Previo aclarar que violaría “algunas reglas del género conferencia” (en el sentido de que apelaría a un modo más informal y a un intercambio con los presentes), Szuchmacher indagó en la relación del espectador con los “artistas de teatro”, expresión ésta que le parece más ajustada que las de “teatreros” o “teatristas”. Una relación que “se está perdiendo”.

Al responsable de espectáculos como Escandinavia, Decadencia, La China o Polvo eres, entre tantos otros, le gusta hablar de espectador y no de público. Considera al primero “elemento constitutivo del teatro” (“no existe la escena sin espectador”), en tanto que al público “como una categoría económica”, sin que esto exprese algo peyorativo.

Según Rubén, uno de los problemas, sino el mayor, por el que atraviesa nuestro teatro es que “la subjetividad se ha convertido en un fetiche, en algo per se. Solo importaría lo que a mí me pasa”.

Su mirada crítica, aunque nunca apocalíptica, apuntó también a “un teatro deprimido, que no acepta su rumbo, que en su pobreza quisiera parecerse lo más posible a los formatos digitales. Un teatro que no sabe qué hacer en esta época donde todo está mediado”.

Por otro lado, subrayó que “el teatro de nuestro país posee un enorme retraso visual y sonoro. Es un teatro despreocupado de lo visual, y esto es algo que va más allá de los costos. Y también es un teatro sordo, donde pareciera que no importa lo que se dice ni cómo se dice. Lo que acaba de decir el actor no se entiende, pero no importa. ¿Dónde está lo revolucionario en no entender tanto? Si en la vida cotidiana ya no entendemos nada. Los dadá hacían eso. Hoy el teatro, el arte, debería ser el lugar de la claridad, de la figuración plena, de la abstracción exacta”.

Szuchmacher, a lo largo de lo que nunca dejó de ser una agradable charla, abundó en ejemplos, anécdotas, citas y también en experiencias propias; comparó la situación de nuestro país con el teatro de otros sitios del mundo (hasta en Berlín puede haber un teatro deprimido; y citó por ejemplo las últimas experiencias de Frank Castorf). Destacó la labor de Mariano Pensotti, como alguien que incorpora criteriosamente en el teatro las nuevas tecnologías; y reivindicó a Youtube como una incomparable fuente de información. “Para mí los dos inventos más importantes de la historia han sido la rueda y Youtube”, sentenció pegando tremendo salto temporal. Acto seguido, aclaró que esa información que proporciona ese popular canal audiovisual, es, en relación con el teatro, “un resto”, como “un ensayo, una foto, un video, un programa de mano”. “No es el teatro en sí, pero me permite ver qué se está haciendo o qué está pasando en teatro en el mundo, o qué pasó hace mucho tiempo”.

En síntesis, para este reconocido “artista de teatro”, la escena argentina “hoy está fuera del tiempo que se vive”. Y “el espectador de ese teatro es el propio narcisismo del que lo hace”. A su juicio, la problemática puede resumirse en una “crisis productiva” (que a su vez incluye una crisis creativa y otra ideológica). El tema está en “cómo se produce teatro. Hay que ponerse a pensar, a reflexionar. No se puede escribir una escena y salir corriendo a pedir un subsidio”, manifestó como ejemplo contundente.

La conferencia se llevó a cabo en la sala Saer del Foro Cultural UNL, como parte del Ciclo de Charlas 10X10 y en el marco de las actividades por los 10 años del Foro ubicado en 9 de Julio 2150.