Sobre las revistas culturales

24.11.2013 17:13

La aparición de Don Marlon, Escenarios y otros placeres, prolonga una tradición tan comprobable como difusa del pensamiento mendocino. La que marcan las revistas culturales, ésas que se definen por su indefinición.[1].

Si delimitar el término Cultura supone dubitaciones e incomodidades -aún para los especialistas en ese universo de la ambigüedad- tratar de descifrar qué es y qué no una revista cultural no es tarea menor. Por capricho, tolerancia o intereses, podemos aceptar o defender como cultural a cualquier publicación. De este modo, no habría nota que escribir o, caso contrario, sería tan extensa como un compendio de la historia de la humanidad. O de su cultura que, para entonces, sería lo mismo.

Lo comprobable a mano es que las revistas culturales sugieren sintonía con el arte, el espectáculo, la filosofía, la literatura, la antropología, la sociología. Con el debate, la crítica y la reflexión en esos campos. Desde hace un tiempo también con los medios y su pretexto, la comunicación. Otra vez: si la revista es un medio y el medio, comunicación, la comunicación es cultura y toda revista es cultural.

Pero esquivemos cualquier aproximación atriviñada. Ciertamente, aquello que entendemos por revista cultural ha existido, en Mendoza, desde principios del XX[2] y dudosamente haya habido alguna que escape a dos preceptos indisociables. Primero: toda revista cultural pretende darle canal a lo que las publicaciones masivas, legitimadas u oficiales (aún cuando la publicación oficial conlleve la etiqueta de cultural) no le dan. Es decir, a toda esa caterva de datos, opiniones y creaciones que no se ajustan al pensamiento hegemónico. Segundo: toda revista cultural es un intento por democratizar datos, opiniones y creaciones que se chocan en un mundo estrecho, aunque siempre peligroso, cuando no vergonzoso, para el pensamiento hegemónico.

“Las revistas culturales configuran en sí una expresión de resistencia al modelo de producción cultural de la globalización. Expresan un acto de esfuerzo individual o grupal destinado, la mayoría de las veces, a portar una visión crítica e impugnadora de los modelos de discurso único en lo estético, lo filosófico, lo sociológico, lo histórico o lo económico. Por eso me gusta definirlas como garantía de pluralidad democrática frente a la concentración económica e informativa de la cultura concebida y financiada como industria”, sostiene Patricio Lóizaga en el fundamental Primer Catálogo de Revistas Culturales de la Argentina. Y remata la idea con: “En muchos países de Occidente las revistas culturales juegan un virtual papel de auditoría y control frente a las secciones culturales de los grandes medios”.[3]

En Mendoza, las revistas culturales gozan de períodos menos fecundos que las surgidas en las grandes urbes. El conservadurismo, la pacatería, la falta de anunciantes... todo aquello que ya se sabe y que es propio de un infierno grande hacen al asunto. Sin embargo, contra todo pronóstico y falta de clemencia, siguen naciendo. Algunas como simples papeletas artesanales; otras, glamorosas, de estirpe satinada; otras más, muy locas, muy anárquicas, como para que quede en claro que son culturales y que a la cultura no hay por donde asirla: otras, de otro modo; y algunas más, de cualquier modo.

Don Marlon, Escenarios y otros placeres, pretende inscribirse en esa tradición del eterno retorno. Eso sí, sin pretender el mito.

Se calcula que son casi 300 las publicaciones culturales mendocinas que han surgido entre el XX y lo que va del XXI, la mayoría relevadas por Gloria Videla de Rivero en Revistas Culturales de Mendoza. De los ’80 hacia acá, algunos títulos a considerar son:

VIERNES. Nacida en el ’81 y con rastros visibles hasta el ’84, reflexionaba sobre arte, literatura, espectáculos y medios. Numerosos especialistas de distintas áreas pasaron por su formato pocket, bajo la dirección de Isauro López.

EL ANSIA. Revista 100% joven, creativa, en microformato, gratuita, con aroma a Rock & Pop, dirección de Jorge Vargas y, entre los redactores, un clásico (o una clásica) de este estilo, la recordada y querida Laura Araujo.

LA ÑATA, Cultura Infantil. Curiosa publicación en formato espigado, que se perfilaba bien pero sucumbió. Única en su tipo, duró hasta 2005. Dirigía Paula Moriñigo.

RAN. Otra joven, muy acorde con lo net, por momentos oscuras, por otros irónica, cuando no paródica. Algún aporte político parecía querer despegarla de lo ligth. Su momento fue el 2002, pero también fue.

EREKA. Puro rock, como su nombre lo indica, con firmas que se repetirán en Ran, El Ansia y otras. Críticas juguetonas a medios como Uno y Los Andes. Dirigió Leonardo Rearte allá por el ‘99.

BOOK. Como El Rayo, pero en papel. Lectura fashion, para adolescentes reales y tardíos de los ‘90. Un catálogo de tipografías orquestado por Diego Sayavedra y Martín Rodríguez.

ACCESO. Buen intento por reflejar artistas y disciplinas desprotegidas, aunque sin darle mucha importancia a la estética de la edición. Se publicó como una treintena de números, bajo la mirada de Juan José Jara.

TIEMPO CERO, El Mundo de los Bailarines. Tocó y se fue por el ‘96. Dedicada íntegramente a la danza (historia, técnica, actualidad), tuvo en su dirección a Claudia Guillot.

ALEPH. Histórica revista literaria, que dirigió Anita de Villalba. Páginas serias, que hablaban de creación y crítica, buscando el visto bueno académico pero también la cercanía con el lector común.

MENDOZA PIEL DE OTOÑO. Otra de literatura, aunque más experimental, arbitraria y descuidada en su hechura que Aleph. Con una irresistible mezcla de firmas. Dirigió Adriana Vázquez.

BEZTIARIO. Buen intento por remozar lo novel bajo el lema “el periodismo joven murió de viejo”. Diversidad temática, seudónimos y mucho caño. Tanto que tuvo que dejar de salir.

EGO. Otro título liderado por Leo Rearte (aquí junto a Mauricio Chaar y Tintar). Páginas sofisticadas, elegantes, creativas, impensadas para la Mendoza del 2001. Pero no soportó el rigor de los costos.

LA LUPA. Prehistoria de esta historia, surge en el ‘82 con un poco de todo en su contenido y la firma de algunos mediáticos de hoy como Andrés Gabrielli y Carlos Polimeni. Dirigió León Repetur.

DIOGENES. Quizás la revista cultural de los ‘90. Sesuda y arriesgada, dedicó números enteros, de hasta 80 páginas, a temas de esos que en Mendoza incomodan bien. Alejandro Crimi al mando.

PUNTO C. Propuesta oficialista que no pasó de un número cuando Marcelo Ortega (hoy en el MUCHA[4]) estaba al frente del penoso Instituto Provincial de la Cultura. Las notas: previsibles.

EL ATELIER. Popurrí cultural, con acento en lo literario. Asomó en el ‘99, pero la suerte no lo acompañó. Su comité editorial lo componían Ignacio Lucero, Leonardo Martínez y Verónica Micali.

VUELTA & VUELTA. Surgió a inicios de los ´90, priorizando el espectáculo pero aderezando con otros asuntos. A los tres números sucumbió. Tanta mezcla de aderezos le impidió definir su propio sabor.

UBU TODO TEATRO. Una especie de Revista Zero de las tablas. Llegó al número 51. Gustó a algunos, ayudó a otros y molestó a otros tantos. Se editó desde el ´96 y se rindió ante la crisis de 2001. Dirigida por Fausto J. Alfonso IV.

MDZ Magazine. Publicación temática de lujosa hechura surgida en 2005. Desapareció al cuarto número, sin razón aparente. Buen trabajo fotográfico y de diseño y notas muy amables pero nada estúpidas.

EPA. Fabiana Mendoza estaba detrás de esta revista bilingüe, tan bien confeccionada que se perfilaba de colección. Pero, se sabe, el mendocino suele reaccionar sólo ante la desaparición de las cosas.

ZERO. Sobreviviente entre las sobrevivientes y referente incuestionable de la actividad rockera, la revista que capitanea Darío Manfredi va por su número ….. Un verdadero hito que suele venir con cds u otros chiches. Un fenómeno de estudio que da para un artículo aparte.

Algunas otras publicaciones surgidas en Mendoza en las dos últimas décadas y media son: Tiburón amarillo (hoja de poesía), Contarte, Diálogo, Alternativa, Letras, La Linterna, Alma de Nogal, El Alvearense, La Botella, Cronos, Chispear Poético, Desde la otra vereda, Ecos del Alma, Epigramas; El espectáculo, la cultura y su gente; Espiga, Gogol, El Hiato, Lírica nave, Mamachacuna, Mangrullo, La Metáfora, Nuestras letras, Octacordio; 873, formas para perder el tiempo; La página del buffet, Pájaro azul, Palimpsesto, Los peces de la luz, Pie de Monte, Piedra en llamas, ¡Puaj!, Plam, Plural, Recovecos, SADE hoy, Sílabas de hoy, La Taba, Tres agujas, La Troia, Tu página libre, Usted, La Fragua y Serendipia.

 

Fausto J. Alfonso



[1] Original publicado en Revista Don Marlon, escenarios y otros placeres, Año 1, N° 1, setiembre de 2007.

[2] En tal sentido se puede consultar el volumen Revistas Culturales de Mendoza, de Gloria Videla de Rivero, que EDIUNC editó en 2000.

[3] Primer Catálogo de Revistas Culturales de la Argentina (edición especial de la Revista Cultura, Buenos Aires 2001, pág. 11).

[4] MUCHA: Museo de Chacras. Que duró lo que un suspiro, pese a lo bonito y necesario.