Un bosque que hace olas

20.03.2014 12:08

PICHILEMU, Chile. Aún con su oleaje por momentos violento, Pichilemu se ofrece como un apacible pueblo a poco más de dos horas de la capital chilena. Lo que a principios del siglo 20 era un balneario sólo disfrutable por una élite, hoy reúne a las familias, congrega a los surfistas más destacados del país y recibe a otros de distintas latitudes para competencias de calibre mundial.

Su nombre encierra al país que lo contiene y significa “bosque pequeño” en la lengua aborigen mapudungún. Fiel a la geografía chilena, sus calles y veredas juegan con los desniveles para, tarde o temprano, terminar todas rendidas frente a una playa ancha y larga que, en algunos sectores como Punta de Lobos (a 10 minutos de Pichilemu centro), acumula olas de hasta diez metros.

Ese oleaje desmesurado, poco usual en el resto de la costa trasandina, ha permitido que el surf se instale con fuerza y proyecte a Pichilemu en el circuito internacional de la especialidad. No obstante, sobre el sector más céntrico de la playa, el más cercano al pueblo y a la actividad comercial (conocido como Las Terrazas), el mar se ofrece más tranquilo y, si bien cada tanto pega sus coletazos, permite que familias enteras, ajenas al vértigo surfista, se instalen con sus carpas, sombrillas y demás petates para pasar una jornada de lo más placentera. De todos modos, para los más osados, hay varias escuelas habilitadas para enseñar a surfear.

Cuentan los lugareños que en las primeras décadas del siglo 20 otro era el asunto. Pichilemu estaba reservado para un sector de la high society. Por eso no extraña que en 1906 se instalara el primer casino del país, a instancias del diplomático y empresario aristócrata Agustín Ross Edwards. Ese casino no fue parte de un proyecto aislado, sino que se sumaba a una serie de casonas destinadas a la hotelería, a un imponente parque de palmeras y a una gruta -la de la Virgen de Lourdes- instalada en una caverna natural. Todo, comunicado entre sí por una red de túneles.

Con el paso del tiempo, las cosas cambiaron. El balneario amplió su target, sin sacrificar las bellezas naturales ni las arquitectónicas propias de lo que se conoce como el Barrio Ross. Y curiosamente, la cultura le ganó una mano a la timba. Porque hoy, el otrora casino no sólo es Monumento Histórico (declarado en 1988), sino que se convirtió en la Sala de Artes Agustín Ross Edwards y en la Biblioteca Pública del Pacífico. Esta última se transforma en una opción ideal para salpimentar de intelectualidad las jornadas playeras. A pasitos de la arena hirviente, miles de volúmenes esperan ser consultados en un espacio moderno y confortable, con Wi Fi y un sector infantil donde los pequeños pueden hundirse sin reparos en coloridos pufs y gozar de un título clásico o alguna novedad.

Pichilemu se instala a 259 kilómetros de Santiago. Si uno viaja desde esta ciudad hacia en bus, puede optar por las empresas Andimar y Nilahue, que parten desde la Terminal Sur o, por Pullman del Sur, que sale desde Jotabeche 124.

Una buena cantidad de hoteles, cabañas y residenciales, de distintas categorías, aseguran opciones para cada gusto y bolsillo. La oferta gastronómica no se queda atrás a nivel bares, pubs y restaurantes. Las ferias artesanales, los juegos electrónicos, los inflables, una que otra fiesta para elegir la cola perfecta, paseos en mateos o cuatriciclos, un circo siempre de paso, la tirolesa en la playa central y excursiones varias a la boscosa y hermosa zona rural (por las Rutas de San Andrés y de la Sal), amplían la carta de actividades de Pichilemu. Que se intensifican en la Semana Pichilemina, que va del 13 al 20 de febrero. Además, desde hace más de 20 años el balneario tiene su propio Festival de Teatro de Verano, al que suelen llegar figuras del teatro independiente chileno, como así también populares rostros de la tv nacional.

Para el mendocino que se decida por Pichilemu es conveniente llevar dólares y cambiarlos por pesos chilenos en el banco del lugar. No es recomendable apelar a los cajeros automáticos, ya que las comisiones son importantes. Si optan por comer en casa, el Supermercado 9 tiene de todo, pero también hay almacenes varios. El centro urbano está enmarcado por las avenidas Ortúzar, Pinto y Ross, y en él se pueden encontrar negocios de distintos rubros y varios dedicados al mundo surf.

Pichilemu es una alternativa por demás atractiva frente a los remanidos destinos que el argentino suele escoger a la hora de cruzar la cordillera. Una buena opción de alojamiento es el Hotel Chile España, una bonita construcción emplazada sobre Ortúzar al 255, en la que reina la madera lustrada y una cuidada vegetación en un patio ideal para solazarse con una vaina poco antes de alguna comida central. A pocos metros de la playa, el Chile España ofrece alojamiento con desayuno o con pensión completa. Si bien hay varios sitios en Pichilemu para castigarse bien con las especialidades marinas, quienes opten por la pensión completa no se arrepentirán. La cocina del hotel se caracteriza por ser sabrosa, sana y surtida y por llegar hasta la mesa con la cordialidad propia de Juanito. Los vinos, en tanto, están a la altura de las circunstancias. Y así las cosas, no queda otra que decir ¡Salud, Pichilemu!

 

Fausto J. Alfonso

 

Más info;

www.chileespana.cl

www.pichilemu.cl