Una propuesta fallida y otras tres conmovedoras

13.11.2017 15:03

Por Fausto J. Alfonso

 

SANTA FE. ARGENTINO DE ARTES ESCÉNICAS 2017. EPISODIO 6. Propuestas de La Rioja, Buenos Aires, Rosario y Cipolletti se sumaron al Argentino de Artes Escénicas 2017 durante la séptima y octava jornadas de lo que ya venía siendo un evento signado por la diversidad estética y de procedencias. Alimaña, el aporte riojano, no dejó de ser un ejercicio teatral, que distanció al espectador con su tempo aletargado y un pretencioso maridaje entre la actuación en vivo y el material proyectado. Bajo la dirección de Nazarena Rojo, Franco Manuel Cesarini Rosales le puso el cuerpo al bicho en cuestión, suerte de reptil un tanto místico y otro tanto masoquista.

 

Por su parte, El amor es un bien (Bs. As., dramaturgia y dirección de Francisco Lumerman) emocionó a gran parte del público con sus reflexiones sobre la soledad y la incomunicación. Cinco personajes, más o menos emparentados entre sí, dejan al descubierto sus limitaciones para expresar sus sentimientos en un perdido paraje de Carmen de Patagones. Entre diálogos profundos y comentarios incisivos, aparecen el idealismo y la insatisfacción, el reproche y el egoísmo. La escenografía es toda una síntesis de la idea de aislamiento. Las criaturas tienen muy poco de donde agarrarse. Están a la intemperie, aunque la historia transcurra en un hostel, que es más símbolo de decadencia y patetismo que otra cosa. Apuntes vinculados a problemáticas sociales engrosan un texto ya de por sí interesante y muy bien interpretado.

 

Uno de los espectáculos más imaginativos del Argentino ha sido Laurita tiene muchas cosas que hacer, creado por Ricardo Arias y Laura Copello, dirigido por él e interpretado por ella. Una mujer en tránsito, llena de bártulos, aterriza en la escena. Al poco tiempo nos damos cuenta que está allí para contarnos nada más y nada menos que su vida, su mundo, desplegando literalmente la materialidad de lo que dice. En sintonía con el teatro biodramático, Laurita…, el espectáculo, juega a hacer ficción con la realidad y hace transitar al espectador por el humor, la nostalgia, el compromiso y la indignación. Laurita, el personaje, es una síntesis del hombre y su micromundo un resumen del universo todo. Nadie puede ser indiferente a este relato tan sentido como original. La cantidad y originalidad de los recursos, el uso del tiempo y el espacio, y la magnética personalidad de Copello definen un espectáculo de primer nivel.

 

A su turno, los rionegrinos de Atacados por el arte no hicieron más que ratificar su propia historia, caracterizada por aciertos artísticos y elogios fundados. Y es que los creadores de las bellas ¿Podés silbar? y La niña invisible conmovieron con No quiero morir desnudo. Una singular radiografía sobre la ancianidad, escrita por César Brie y Jorge Onofri, con dirección de Brie. Como es sello del grupo, la interacción permanente entre actores y títeres de manipulación directa generó asombrosas situaciones, apoyadas en un texto tan crudo en su esencia como desopilante a la hora del humor. Las actuaciones de Dardo Sánchez, Liliana Godoy, Silvina Vega y Jorge Onofri no tienen desperdicio. La puesta es un relojito, con sus profundos momentos intimistas en contrapunto con instantes de cantada felicidad. Y la escenografía: sintética, significativa y dinámica. Los achaques de la edad se cruzan con los resquemores y venganzas familiares, con las manías de la sanidad argentina y con el pasado, que puede ser tan puro como saltar la soga o tan turbio como un abuso. La dirección de Brie coloca a todo en su punto justo. Para ver más de una vez.