En el parque de diversiones teatral

03.10.2022 14:35

Por Fausto J. Alfonso

 

RESISTENCIA, Chaco. 36° Fiesta Nacional del Teatro. Las fiestas nacionales suelen ser como grandes parques de diversiones. Aclaración temprana: se trata de una metáfora. En su transcurso nos podemos enfrentar al vértigo de una montaña rusa, temblar como pasajeros de un tren fantasma o fantasear con la vuelta al mundo. Hay obras que no dan en el blanco y personajes que se estrellan como autitos chocadores. Todo es posible. Como en esos parques, en la arena teatral confluyen emociones de todo tipo, producto de la diversidad de propuestas y sus comprensibles desniveles. A veces, todo se mezcla demasiado y la experiencia se emparenta con “la coctelera”, un juego que no goza de la misma prensa que los ya citados.

La cuarta jornada de la fiesta que se desarrolla en Chaco fue lo más parecido a un parque de diversiones, aunque no estaría bueno establecer una comparación directa entre los juegos y las obras vistas. Puede prestarse a malos entendidos, a que te saquen de contexto. Pero el caso es que el circuito (al menos el que hicimos un grupo de periodistas) se impulsó de entrada hacia niveles de alta calidad gracias a Sueño (C.A.B.A.), un ingenioso espectáculo para todo público, escrito y dirigido por Emiliano Dionisi. El Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, reconvertido en un ejercicio físico y de imaginación con lecturas disfrutables por chicos y grandes. El esmero puesto en la dramaturgia para volver contemporáneo el interés sin quitar detalles clásicos -usados con humor o ironía- deviene en una puesta a la altura, dinámica e intrigante. Los cuatro actores -Lucía Baya Casal, Julia Gárriz, Ramiro Delgado y el propio Dionisi- están estupendos.

Pero claro, el parque se las trae. Y esta vez se trajo Fantasmáticas (San Juan), una propuesta que tiene un rodaje de 11 años por las tablas y gira en torno de tres veteranas actrices en decadencia. La puesta integra la franja de los espectáculos invitados. Si la estética se aborda desde el feísmo, la cosa no está lograda. Y si el patetismo es involuntario, termina resultando cruel. Aguante ¡Baby Jane!

Lo mismo, en el parque las nuevas chances siempre están ahí, agazapadas y no tanto. Para re-enarbolar nuestro optimismo nos esperaba Flores blancas. Obra jujeña escrita y dirigida por Natalio Bognanni, que en la línea de la perspectiva de género cuenta la historia de una mujer maltratada y sus estrategias -ingenio propio y sororidad mediante- para salir del abuso/encierro. La historia en sí es como otras tantas, pero la resolución escenográfica es muy buena, inteligente, así como la sensibilidad, matices y desdoblamientos de la única actriz en escena: Nayra Muñoz Arancibia. Gran repunte para una jornada que merecía terminar con lo mejor, como arrancó.

Pero no. A veces la comida se pica, como el vino. Porque sobre el final, llegó El bife y con él algo de indigestión. En el 2020, dos carniceros improvisados intentan cambiar su vida, la existencia, el mundo… Son re ambiciosos. Pero también son sucios, desagradables, con un discurso bastante cuestionable y un nivel de exaltación y exhibicionismo totalmente innecesarios. Hablamos de los personajes (ya que los actores parecieran ser moy boenos).

Entre la especulación política y una pasión homoerótica a veces patológica, El bife desanda su camino hacia la sartén. Lamidas van, escupitajos vienen, pareciera una puesta de los 80/90, donde tanto el espectador como el artista estaban dispuestos a todo para dejar atrás sus represiones. Pero ya no hace falta. Nadie quiere ir a sufrir a una sala, aunque tampoco se pretenda la diversión ingenua de un parque.

Un célebre crítico -de proyección nacional e internacional- reflexionó: ¿bife o bofe? Bueno, después de todo, la obra llamó a la reflexión.

 

Foto: Sueño (C.A.B.A.).