Erika, la doble de Mecha Ortiz

08.05.2020 10:33

Por Fausto J. Alfonso

 

En 1954 se rodó en los estudios Film Andes, en Godoy Cruz, el film El mal amor. Dirigida por Luis Mottura, la película tuvo como protagonista excluyente a la mítica Mecha Ortiz (1900-1987), aquella de Safo, Con las alas rotas, Los muchachos de antes no usaban gomina y tantas más. Sin embargo, muchas de las escenas fueron realizadas por una doble: la mendocina Erika Beeckmann de Ortega. Una mujer que de ese modo sumó una habilidad más a su polifacética personalidad. Y que de paso se besó con Ricardo Passano. A 34 de años de El mal amor, entrevistamos a Erika para Diario Los Andes. Fue un 3 de noviembre de 1988. La entrevista se publicó dos días después con el título “Yo fui la doble de Mecha Ortiz”. Y decía lo siguiente:

“Mecha Ortiz tenía una agilidad mental tremenda; estaba en plena conversación con alguien y, llegado el momento de filmar, se mojaba los labios e inmediatamente comenzaba con el libreto, con su voz grave y sonora. Fumaba mucho. Era muy elegante, sobria, cordial, respetuosa, franca. Solía dar muy buenos consejos y corregir a quienes por muy poco tiempo llegaban tarde, porque para ella eso era intolerable, era la falta de respeto más grande”.

Quien sostiene todo esto de una de las más grandes actrices que ha tenido el teatro y el cine nacional, es Erika Beeckmann de Ortega, una mujer polifacética, docente, gastrónoma, ecónoma de programas de televisión, ex esquiadora, viajera incansable, creadora e imaginativa y, en calidad de entrevistada, quien fuera la doble de Mecha Ortiz en el film El mal amor.

Son muchos los buenos recuerdos que de su paso relámpago por el cine guarda y, entre ellos, la imagen de una Mecha que “antes de hacer una película leía muy bien el guión. Éste -relata Erika- tenía que ser importante, efusivo, brillante; si no, Mecha no actuaba en la película”.

  • Erika, ¿cómo y cuándo conoció a Mecha Ortiz?
  • Fue en el año 1954, en Film Andes. Para ese entonces, Mecha iba a iniciar el rodaje de El mal amor acá en Mendoza, pero simultáneamente, en Buenos Aires, tenía que participar de la película El abuelo y de una obra de teatro titulada La cama nupcial.
  • Fue entonces que la eligieron a usted para rodar en su lugar…
  • Sí, el director Luis Mottura me conoció y me ofreció doblar a Mecha. Esta oportunidad me permitió conocer muchas cosas del cine y poder desmentir luego varios comentarios negativos que la gente hace sobre ese ambiente.
  • ¿Cómo era ese ambiente?
  • Existía un clima completamente armonioso y de muy buen trato. Eso sí, se actuaba como en un regimiento, había órdenes estrictas y el día era muy agotador. Eso en un principio no me agradó mucho y una vez decidí no ir más. Pero, inmediatamente llamaron a mi padre, a quien le hicieron firmar un contrato en el que se comprometían a aceptarme tal cual era, porque siempre hay algunas cosas que se intentan cambiar a los actores. Esto no es malo, pero no me gustaba.
  • Por ejemplo, ¿qué cosas?
  • Y… querían que me depilara las cejas, por ejemplo. Pero, más allá de eso, en mi vida he visto un grupo tan hermoso y culto como el de aquellos artistas, todos de buenos modales y costumbres y de una conducta ejemplar. En ese ambiente no había nada de lo que la gente cree, piensa y dice. Creen que los artistas siempre tienen amoríos o cosas así. No, allí había pujanza, dinamismo, creatividad, flexibilidad, mucho más que en cualquier otro ambiente.
  • ¿Qué opinaba Mecha de usted?
  • Ella me decía que yo le caía bien porque nunca hablaba de política ni de religión. Ella también era así. Era muy considerada conmigo, a pesar de que en aquella época era un poco tabú el tema de los dobles, un poco se ocultaba. Ahora creo que no, me parece que hoy es un honor tener un doble.
  • ¿Qué escenas filmó usted en El mal amor?
  • Prácticamente, hice todas las escenas de esa película; Mecha estaba muy ocupada. Para mí fue todo muy interesante y novedoso, sobre todo cuando Vicky Seepol se mata y es necesario largar un muñeco desde lo alto de la montaña. Esa escena se repitió muchísimas veces y para mi cada una de las tomas significaba un aprendizaje. Pero, sobre todo recuerdo una escena en la que debía besar a Ricardo Passano. Yo no sabía hacerlo y también debimos repetir varias veces. El director me exigía cada vez más fuerza, más pasión. Y el resultado fue que terminé mordiendo a Ricardo en el labio, lo que le valió tenerlo durante mucho tiempo hinchado.
  • ¿Le ofrecieron otras películas?
  • Mottura me quería llevar a Buenos Aires, pero no quise ir porque en esos momentos yo tenía un gran grupo de amigos italianos acá y no quería abandonarlos. Además, me tiraba mucho el esquí.
  • ¿Estuvo en el cierre de Film Andes?
  • Luego de El mal amor me fui a Europa, a las olimpíadas de esquí, y cuando volví me sorprendió la ausencia de Film Andes, justo en momentos en que muchas empresas norteamericanas decían que querían filmar acá, con todo lo que allí había, las mejores instalaciones. Todo era fantástico. Me dio pena, era un lugar muy lindo.
  • A usted también la doblaron…
  • Sí, fue durante una escena en la que había que bajar en jeep un camino muy empinado y yo no sabía manejar. Era muy arriesgado. Como también fue arriesgado cabalgar; cabalgando sufrí un accidente.
  • ¿Había alguna otra cosa que le molestara a Mecha, además de que la gente llegara tarde?
  • Ella no quería que la despertaran en forma brusca a la mañana. Para ello tenía una secretaria, María, una persona muy sencilla. María atendía el cuidado de su ropa y era la única que podía despertarla. Consideraba primordial un despertar suave y dulce. De eso dependía su día, cómo le iba a ir. Era la causa importante para estar de buen humor.
  • ¿Recuerda a quién admiraba Mecha Ortiz?
  • Le gustaba mucho Silvana Mangano, también Gina Lollobrigida, pero mucho más la primera. Pero sentía gran admiración por Greta Garco, le gustaba su personalidad, su forma de vestir y creo que la admiraba tanto que trataba de ser un poco como ella en algunas cosas.
  • ¿Era en la vida cotidiana tan mujer fatal y sensual como se la acostumbraba a ver, sobre todo en Safo?
  • Su imagen era completamente distinta a la de las películas. Era muy seria, aunque siempre estaba de buen humor, y hablaba siempre de temas muy intelectuales. No representaba ser una mujer fatal, pero sí sumamente interesante, con mucha personalidad y hasta poder.
  • Con los desnudos, ¿no estaba de acuerdo?
  • Admiraba a la mujer que se vestía elegantemente, pero no estaba de acuerdo cuando alguna quería mostrar su belleza con escotes amplios. Decía que si hubiera sido hombre, le atraerían aquellas mujeres que vistieran sin mostrar el busto o que no estuvieran con toda la espalda, hasta la cintura, descubierta. Sostenía que eran más sensuales.
  • ¿Cuidaba su imagen de los comentarios de la prensa?
  • Manifestaba que nunca se le debe preguntar a una mujer la edad y menos siendo artista. Pensaba también que ninguna mujer cuando conoce a un hombre debe preguntarle en qué trabaja porque éste la interpreta como una interesada. Pero a mí particularmente me molestó algo. El año pasado, cuando falleció Mecha, encontré de muy mal gusto una foto que sacaron en un diario y en la que estaba muy mal, muy arrugada. Eso, realmente, me dio mucha lástima.

 

Fotos: Erika Beeckmann en uno de los escasos registros fotográficos que se tienen de ella (arriba). Mecha Ortiz rodeada de hombres en El mal amor, de Luis Mottura (abajo).