Feliz mentira verdadera
Por Fausto J. Alfonso
Es cierto. El título puede llamar a equívocos y a ironías infundadas. Pero, Cotillón y entierro no se trata del slogan para el flyer de una partuza de Guillermo Coppola & Asociados. Más bien todo lo contrario, la celebración austera pero poética, entretenida pero profunda, de uno de los elencos teatrales referentes de las últimas décadas en Mendoza: La Rueda de los Deseos. Tribu que celebró sus 25 con la instalación/muestra Al final de la fiesta en el anexo del MMAMM, y con la que demostró -una vez más- su histórico buen criterio a la hora de reunir colores, texturas, materiales y “objetos conceptuales”, al tiempo que homenajeó a todas/os aquellas/os que se sumaron para las distintas propuestas de estos muchos años.
Pero ese laberinto creativo (expresión que bien cabe para toda la trayectoria de La Rueda…) debía terminar siendo el paisaje para un nuevo montaje. Y así lo fue. La escenografía más que perfecta para que tres intérpretes desanden sus vidas-obras en modo balance. “Qué sucede cuando tres actrices se quedan atrapadas en un museo, en medio de sus propios recuerdos? ¿Qué espíritu del teatro tomará sus cuerpos? ¿Qué llegará desde el estómago de una ballena, desde abajo de la arena o desde el fondo opaco del no estar? Como si se tratara del mismísimo carnaval, la fiesta y el entierro coquetean…”, anticipaba de modo inquietante el texto de difusión.
De carácter performativo, el resultado no es más ni menos que una fiesta donde se actúa, baila y canta y en la que se percibe un aroma a vientos cruzados: el de la nostalgia con el de la esperanza. Cruce que contiene otros contrapuntos fuertes, que en la inspirada escritura de Mar Vílchez Aruani asumen el espesor del buen teatro: ese que se representa al tiempo que se vive. Porque es eso lo que exudan las actrices Federica Bonoldi, Gabriela Psenda y Daniela Moreno. Dibujan en el instante una trama que se entremezcla con aquellas otras, pretéritas, que hoy conforman su propio archivo vital, las marcas en la piel. El momento mismo más el paso del tiempo en simultaneidad.
Aquellos contrapuntos que sobrevuelan -por algo así como una hora- confrontan el ser y el estar, la naturaleza y la tecnología, la realidad y la ficción (con un tramo intermedio que salpica a ambas y que le podríamos llamar lo verosímil). Como todo espectáculo, éste es una mentira, aunque más verdadera que otras. En ese marco, las actrices se prueban en distintos registros y con distintas habilidades (en un instante, la potencia folk que descubrimos en Moreno es asombrosa, por ejemplo), demostrando que tanto en la escena como fuera de ella, las distancias entre la risa y el llanto pueden ser ínfimas y no siempre responder de modo directo a la alegría y la tristeza. Es la danza de la realidad, al decir de Jodorowsky.
El director Fabián Castellani confía en sus actrices (no es para menos tras tanto tiempo) y las deja jugar a sus anchas; pero también confía en el espacio conquistado: un amplio salón donde los fantasmas materiales que portan la historicidad del grupo se fusionan con los inmateriales que se desprenden de los textos y con los cuerpos vibrantes que piden que la fiesta no se acabe. Organiza la situación. Pone sillas y almohadones para que, como en todo festejo, los pocos participativos puedan disfrutar apoltronados; regula los efectos sonoros de una tormenta y nos hace sentir protegidos vinito en mano. Aprovecha detalles y aspectos delicados de la escenografía, que es la de toda una vida, para incorporarlos narrativa, dramáticamente. Balancea el tenor y la duración de las escenas. Hace y deja hacer.
Quienes conozcan la trayectoria de La Rueda…, sus espectáculos, encontrarán matices que otros no. Pero al resto tampoco se les escaparán las ironías de las intérpretes respecto del oficio de actuar, de la “incomprensión” de ciertos textos o de asumir “en serio” ciertas acciones, que por tan trágicas terminan siendo cómicas.
¿Que por momentos Cotillón y entierro puede rozar lo endogámico?, dirá alguien. Y… puede ser. Pero es pura teatralidad y una mirada amable y contagiosa hacia la vida, aunque ésta hoy deja mucho que desear en muchos aspectos tecno-político-sociales, cosa que el espectáculo también contempla en algunos pasajes.
Además, a esta gente, ¡¿quién les quita lo bailado?!
Ficha:
Cotillón y entierro. La Rueda de los Deseos. Dirección e iluminación: Fabián Castellani. Dramaturgia: Mar Vílchez Aruani. Intérpretes: Federica Bonoldi, Daniela Moreno y Gabriela Psenda. Producción: La Rueda de los Deseos. Registro fotográfico: Pao Alonso. Espacio: Anexo MMAMM (Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza), Parque Central, Mendoza. Función del 22-08-2026.