Habitación Macbeth: los méritos y lo incontrastable

09.03.2026 12:45

Por Fausto J. Alfonso

 

CÓRDOBA. A cinco años de su estreno, ya en su sexta temporada, cabría preguntarse cuál es la proeza de Pompeyo Audivert y su Habitación Macbeth. Finjamos que nos lo preguntamos por primera vez, como si lo ocurrido del 2021 -cuando se estrenó en el CCC- hacia acá no hubiese pasado. Entonces, en este juego de negación podríamos ensayar un decálogo.

Primero. Tal vez esa proeza consista en haber realizado un fenomenal trabajo de adaptación (o hablemos de reescritura, mejor), donde personajes, intereses temáticos, puntos de inflexión y acción dramática parecen, en su actualidad, en su vitalidad, estar siendo escritos a la vista del espectador.

Segundo. O puede ser su mérito el lograr que el aroma shakespeareano permanezca flotando en el espacio, a modo de ironía del pasado, o a modo de premonición disparada por el inglés con vistas a la repulsiva actualidad que hoy le toca en suerte al Universo.

Tercero. O tal vez sea el crear un espacio tangible cuya materialidad es poco y nada material; una presión atmosférica pespunteada por un cello (Claudio Peña) reflexivo, trágico o sarcástico, según convenga; y un plano lumínico (Horacio Novelle), con no poco de expresionismo, que encuadra -literalmente- proyecta o profundiza situaciones de un reino que sabe a sangre y luce en esa sintonía.

Cuatro. O permitir que las elipsis -aun cuando lleven de brutalidad a brutalidad- sean tan sedosas como para crear un verosímil narrativo propio de la historia.

Cinco. O que el actor abra tantos y tan asombrosos compartimentos físicos y cajas de resonancia para mostrar los dobleces, las contradicciones y los argumentos reprobables de los protagonistas. Un intérprete que se impone como una ilimitada caja de herramientas con las que esculpe un juego tan fantasmagórico como carnal.

Seis. O, también puede ser que la proeza se sustente en que Audivert yuxtaponga numerosos registros de actuación simplemente porque los personajes se lo piden y jamás en un alarde de versatilidad, dándole a cada cual lo suyo. (Dicho sea de paso, en una entrevista el actor definió su tarea -en broma, y no tanto- como una suerte de “grotesco japonés”. Lo cierto es que radiografía estados y fachadas de Macbeth y su entorno de un modo altamente codificado, pero lo suficientemente artificioso como para asegurar su efectividad, sin frivolizar. Lo japonés es grotesco y viceversa). Apedreando el espejo, como a él le gusta, falsea lo supuestamente real, como posible práctica para encontrar destellos de verdad.

Siete. O, conectado con lo anterior, el mérito puede estar en abordar la remanida idea del teatro como la vida y la vida como el escenario, desde una perspectiva original, en un cruce extraño entre la vieja tragedia, la farsa, lo épico y la bufonería.

Ocho. O establecer una línea de risa irónica y fatalista (una ironía cercana y también cómplice con el espectador) que atraviesa todo el espectáculo de modo sostenido, discreto e inolvidable. Que tiene además en el intertexto beckettiano que aporta el clownesco Clov otro motivo emparentado con el humor (y con los puntos seis y siete).

Nueve. O evitar, ampliando lo dicho en seis y llevándolo a su labor integral, todo exhibicionismo estéril, cuando se es dramaturgista, actor y director de la propuesta.

Diez (sino Uno). O tal vez la hazaña tenga que ver, lisa y llanamente, con estimular la maquinaria intelectual del espectador a la par de remover su torrente sanguíneo.

Algo, mucho o todo de este decálogo puede explicar la proeza de P.A. y su H.M. Aunque el conjunto, todo este palabrerío que intenta ser sincero, pero es palabrerío al fin, peca de endeble frente a lo incontrastable: el impacto multidimensional. En el público sorprendido y agradecido, en el tiempo compartido, en el espacio cohabitado. Como ocurrió en la colmada sala Carlos Giménez del Teatro Real, durante la noche del 6 de marzo.

Lo dijimos al inicio. A cinco años de su estreno, ya en su sexta temporada. La proeza es tan arrolladora que no podemos fingir ni para ensayar el decálogo.

 

Ficha:

Habitación Macbeth. Sobre Macbeth, de William Shakespeare. Dramaturgia, actuación y dirección: Pompeyo Audivert. Música original y en vivo: Claudio Peña. Vestuario: Luciana Gutman. Escenografía: Lucía Rabey. Diseño de luces: Horacio Novelle. Asistencia: Iván Altschuler, Verónica Costa, Marta Davico y Mónica Goizueta. Producción ejecutiva: V. Costa, M. Davico y M. Goizueta. Sala: Carlos Giménez, Teatro Real, Córdoba. Función del 06-03-2026.