La calidez que acorta distancias

25.03.2025 21:00

Por Fausto J. Alfonso

 

No todo pueblo chico es un infierno grande, por más que tenga sus mañas y se ejerzan rivalidades. Hinojo, de allá por donde la Pampa aspira a ser eterna, parece estar entre esos lugares no endiablados. Sitios poco y nada estridentes que comparten, con sus pequeñas grandes historias, con sus “microtejidos”, la gran red social en la que descansan las cualidades más nobles de un país, en este caso el nuestro.

El dramaturgo Sergio Martínez escribió un texto entrañable, que aspira a exaltar valores sin caer en el adoctrinamiento. Virtudes como pueden ser la perseverancia, la solidaridad y la tan cacareada empatía (que a veces no llega a tiempo y otras es pura declamación) aparecen aquí de modo prístino, sin dobleces ni cinismo. No porque el pueblo de Hinojo, y sus mujeres protagonistas, sean inmaculados, sino por la genuinidad y transparencia que sostienen su accionar.

Un episodio excepcional, extraordinario, ocurre en medio de la nada. Por la estación de Hinojo (línea Roca) pasará -aunque de largo- el tren presidencial que transporta a Evita. Se habla tanto de ella que las mujeres de la zona no pueden desperdiciar una oportunidad única. Sí o sí deben frenar esa máquina para ver y oír al menos unos segundos a la abanderada de los humildes. Eso es todo. Ni más ni menos.

Ahora, como no estamos frente a un análisis literario y sí ante una propuesta escénica, aquí entra a tallar la interpretación. Que en este caso se cristaliza desde la narración oral, modalidad dificilísima si las hay. Porque en el fondo, se trata de actuar sin que parezca y sin dejar de ser uno, al mismo tiempo que se pone la voz y el cuerpo a otros tantos que no vemos. El éxito de la destreza del intérprete está en que el espectador termine creyendo al narrador/a y viendo en él/ella aquellas ausencias como si fueran palpables. Y al hablar de ausencias, nos referimos no solo a las personas, sino a su contexto paisajístico, a los objetos -pequeños como un mate, gigantes como un tren- y a la atmósfera pueblerina que todo lo envuelve.

Ester Trozo sabe del asunto. No solo por ejercerlo, sino también por estudiarlo. Por eso, no fue extraño que al finalizar la función que nos tocó en suerte, un espectador se animara a decir lo que, casi seguro, la mayoría pensaba: que su relato lo había puesto en el lugar, ahí en ese pueblo perdido, y que se había creído todo lo que les pasaba a sus habitantes.

La actriz narradora arranca con un pretexto. Está de mudanza. De una caja extrae algunas prendas que evocan otros tiempos, otras situaciones. Una le da pie para hablar de esas mujeres organizadas, que le hacen frente al poder, a la burocracia, a los horarios y cronogramas, para poder cumplir con un sueño que durará pocos minutos en su concreción, pero perdurará para siempre en la memoria.

El tono afable de su relato, el tono dominante, no está exento de matices varios, que tienen que ver con la bravura sincera de esas mujeres, el decir parco de algunos jefazos, su descripción pícara y pintoresca de las costumbres lugareñas, el suspenso frente a un desenlace incierto (¿parará? ¿no parará?) y el silencio, la pausa, de ser necesarios. Para cada momento, y para cada intervención de un personaje, Ester Trozo ensaya un pertinente y sutil giro en el registro narrativo, de modo que, respetuosa, pero de las narices, nos lleva hasta el final del recorrido.

Nunca la calidez se presenta impostada. Nunca sus gestos subrayan por demás. Y, en asociación con el multi-instrumentista Santiago Servera, consigue que, por ejemplo, sintamos el avance del tren como si estuviésemos en el andén. Eso sí, luego de habernos involucrado, aportando minuciosos detalles, con la puesta en escena que esas mujeres inteligentes (y muchas de ellas paradójicamente analfabetas) han montado a lo largo de muchos metros de vías con la pericia que solo los devotos de corazón pueden ejercer. Un montaje artesanal que Trozo, con su decir cálido, nos permite imaginar próximo. Tan próximo como la distancia que separa a la intérprete de su público. Que no es nada. Y lo es todo.

 

Ficha:

Las mujeres de Hinojo. Espectáculo de narración oral. Intérprete: Ester Trozo. Música en vivo: Santiago Servera. Texto y dirección: Sergio Martínez. Sala: Espacio G (Colón 102, Ciudad). Función del 22-03-2025.