Merecido y original homenaje a Hugo Vargas

14.04.2022 23:55

 

Por Fausto J. Alfonso

 

A priori, tanto el lugar como la hora resonaban insólitos. El marco era el ciclo El teatro siembra memoria, organizado por el Instituto Nacional del Teatro. Ya habían pasado sendos homenajes a Lucy Fernández, Claudio Martínez y Gladys Ravalle. Todos ellos en salas teatrales. Le tocaba el turno a Hugo Vargas. Sin embargo, la tertulia era para agendar un miércoles, a las 16, en El Cafetal, allí en Necochea 56.

Y así fue. No era una fake news. Todo estaba fríamente calculado por uno de los organizadores y anfitrión del evento, Juan José Cáceres. Tanto él, como Jorge Fornés, amigos del Huguito por más de 50 años, se dedicaron a evocar la trayectoria profesional y las virtudes personales del actor, director y sonidista que falleciera el 10 de enero de 2021 a los 80 años, luego de una extensa labor teatral y vendimial abrazada con absoluta e indudable pasión.

Tras unas palabras del representante del INT en Mendoza, Sacha Barrera Oro Maldonado, la dupla Cáceres-Fornés trajo a la memoria el recorrido teatral del artista, para luego ahondar en ricas anécdotas con las que pintaron de cuerpo entero al homenajeado. Y no se quedaron cortos, ya que no faltó el humor cariñoso y desfachatado de estos dos amigos a los que Varguitas -como ellos le decían- les dio carnet de impunidad para que bromearan acerca de su baja estatura.

Pero claro, su talla era inversamente proporcional a la grandeza de sus valores. Según recordó Cáceres, Hugo se dedicaba -también- a arreglar televisores blanco y negro. A todos los clientes les cobraba muy poco, apiadándose de sus bolsillos. No pensaba nunca en el suyo. Tenía sus principios. Ante un tentador ofrecimiento para trabajar en Viña del Mar, se negó rotundamente por estar Pinochet aún en el poder. Un ejemplo contundente.

Fornés no dejó pasar un episodio tragicómico. En plena dictadura, un auto de los servicios se le cruzó al Fiat 600 donde él iba junto a Elina Alba y Vargas. Los hombres, cuando lo ven a Huguito, desisten de llevárselos. Lo confundieron con otro personaje. Sí. Para sorpresa de los presentes, había con quién confundirlo. Un personaje de cierta fama en la Mendoza de entonces y ¡con la misma estatura! “Nos salvó la vida”, precisó Jorge. Sin querer queriendo, pero así fue.

Éstas y otras anécdotas se fueron alternando con pasajes artísticos. El Varón Álvarez intervino en un par de ocasiones para cantar Pazzia (E. Blázquez) y Balada para un loco (Piazzolla-Ferrer). Por su parte, Jorge Fornés, luego de subrayar el training que tenía Hugo como recitador, hizo lo propio con los poemas Me llaman el triste (H. Gagliardi) y Reír llorando (J. de Dios Peza). Poemas que Vargas tenía en su repertorio.

Me llaman el triste (o simplemente El triste), en uno de sus pasajes menciona a una madre abnegada llamada Clotilde. Hugo, cuando llegaba a esa línea, cambiaba Clotilde por Rosario, el nombre de su mamá. Reír llorando evoca la figura del gran intérprete inglés David Garrick y su gran capacidad para conmover y hacer reír hasta al más desdichado, aunque esa habilidad a veces no funcionara consigo mismo, como suele pasarles a muchos actores/actrices.

Hugo Vargas era habitué de El Cafetal. De allí la elección del lugar. Respecto de la hora, se escogió aquélla en la que hubiese menos congestión de gente. Se improvisó una escena y una platea. Circularon cafés, cortados y medialunas. Y sobrevoló el espíritu de una bohemia que ya no existe. Quizás aquélla de los ’60 y ’70, cuando la efervescencia creativa era enorme, aún frente a las condiciones menos apropiadas. Ésas que derivaron, entre otras cosas, en un bombazo al TNT (Taller Nuestro Teatro), sala y elenco al que Hugo Vargas perteneció.

A este sentido homenaje se sumaron como público muchos colegas y amigos/as de Hugo. Desde Judith Carunchio y Laura Moyano, pareja e hija del recordado Maximino Moyano, al célebre Pocho Guinovart. Desde actores y actrices como Mario Ruarte, Dardo Boggia y Li Di Marco al realizador audiovisual Andrés Llugany, quien dirigió a Vargas en varios films (y aun tenía previsto hacerlo en otros).

Durante un par de horas, El Cafetal mutó en un microclima encapsulado en el centro mendocino. Los recuerdos y las sonrisas fueron los protagonistas. La dirección, desde una cabina invisible, estuvo a cargo de Hugo Vargas. Todo salió muy bien. Aplausos.

 

Fotos: de arriba hacia abajo, Hugo Vargas; Jorge Fornés y Juan José Cáceres evocando al actor, director y sonidista; y Vargas junto a Mario Ruarte en la desopilante Nosotros fuimos, su último trabajo teatral.