Monstruos de la Cultura mendocina
Por Fausto J. Alfonso
Como en todos los casos, hay excepciones. La monstruosidad también puede ser simpática. Basten dos botones como ejemplo: los Sulley y Mike de Monsters, Inc. Pero claro, esencialmente, los monstruos son seres abominables, feroces, repulsivos, temibles. Son ladinos y tanto o más feos por dentro que por fuera. Pero también los hay quienes suman otras manchas a su atigrado pelaje (valga esto sólo como metáfora y con las disculpas pertinentes hacia los tigres). Pueden, y suelen, ser ignorantes, torpes, vulgares e incultos.
Desde hace no mucho, dos años digamos, una de las cárceles mendocinas alberga a un monstruo con pasado “artístico”. Un diabólico personaje que abusó en reiteradas oportunidades de una menor y que hubo que traer de las mechas desde el exterior, Interpol mediante, para que cumpla una condena bastante barata en relación con lo acontecido. Quienes lo conocimos “extramuros”, con su afabilidad y simpatía, con su “sensibilidad hacia los niños”, una vez que trascendieron los terribles hechos, rememoramos los distintos disfraces bajo los que se movía esa monstruosidad impensada. Y apareció una vez más eso de creer o reventar. Ese monstruo, hoy enrejado, pertenece a la categoría más brutal. Qué duda cabe.
Históricamente -esto es algo así como desde hace cuarenta años- sostengo que la Cultura mendocina, en términos de funcionarios y administradores, no está en buenas manos. Nunca lo estuvo. ¿Por qué tendría que estarlo ahora, en pleno 2025? No hay referentes. No hay modelos a partir de donde intentar espejarse. De allí que la torpeza y la ignorancia nos sigan proveyendo de monstruos. Ejemplares de oficina, en este caso. Abominables hombres de la burocracia que posiblemente nunca conozcan las rejas, pero que con su mediocridad violentan a la sociedad. Violentan a la Cultura. Es cierto: son monstruos de segunda categoría, pero monstruos al fin. Músicos de apoyo en la sinfonía del horror.
Cultura de la Provincia de Mendoza -a cargo de un tal Gareca- no tuvo mejor idea que promocionar en su portal la programación infantil para las vacaciones de invierno 2025 con una fotografía de ese monstruo con pasado artístico, a quien se lo ve en plena acción durante una función al aire libre. Por la escena en cuestión, la colmada platea de niños pareciera admirar el heroísmo que en ese momento está demostrando el personaje/actor devenido abusador.
Primera reflexión: el archivo fotográfico de Cultura debe ser paupérrimo para haber recaído en tal elección. Segunda reflexión: extrañamente el episodio no fue reflejado por ningún medio de comunicación masivo. Tercera reflexión: extrañamente, también, no hubo una reacción de la comunidad artística, ni siquiera del sector específicamente teatral, que conoce bien las andanzas del abusador. Cuarta reflexión: aun no habiendo salido a la luz el asunto, ese tal Gareca y su troupe deberían haberse disculpado “públicamente”. Anticiparse hubiese sido todo un gesto de grandeza y de asunción de sus equívocos. Porque… que puede pasar… puede pasar.
Ahora, para el final de estas líneas, vaya el dato más notable: para promocionar la programación del 2024, ¡¡¡habían utilizado la misma foto!!! Conclusión: los monstruos de guante blanco son doblemente monstruosos. E impunes.