Mundo, inframundo e inmundo teatral (Parte III)

15.11.2018 18:26

A Alfred, con afecto.

 

El prestigioso director teatral mendocino examina, junto a sus amigos, 

la soga apropiada para hacer justicia de una vez y para siempre. 

Por Fausto J. Alfonso

En un claro acto de inducción al suicidio y, por ende, apología del delito, un prestigioso director teatral mendocino se ofreció (siempre vía Facebook y envalentonado por el grupo, claro) a comprar la cantidad de soga necesaria para que personas como yo ejerzamos el teatro de la muerte. No se refería a Kantor, justamente.

Personas como yo son los que no se amparan en ninguna asociación, corporación, sindicato, empresa hegemónica ni colectivo de ningún tipo. Que quieren ejercer la libertad de opinar -en forma individual- en un país donde a otros todavía no les llega la noticia de la caída del autoritarismo.

Esos otros se creen con derecho a determinar quién trabaja y quién no, hasta cuándo lo hacen, quién entra y quién sale de “sus” sitios (están claramente a favor de las privatizaciones), quién escribe y deja de escribir, quien piensa bien y quién lo hace mal. O quién puede pensar y quién no. Son los dueños del espacio, la palabra y el pensamiento. Ahora también, de la vida.

En un derroche de sensibilidad artística, estos paladines de la civilidad, mueren por ver muertos. Y ahí están, arrimando una mano, con una soga.

Esos se autodenominan “guardianes” (sic) de la moral y de preservar a la gente buena de personajes como uno. Son como el Comando Pío XII o algo así. Odian la independencia y el libre pensamiento.

Pero el suicida no espera que un changarín (¡horror! ¡discrimina a los changarines!) vaya a comprarle la soga. La compra por sí solo. Con o sin subsidio del INT. En mi caso sería sin subsidio.

Las capturas de pantalla, los datos de las llamadas amenazantes y los mails intimidatorios ya se encuentran donde deben. ¡Salud!