Perdón, amo a Claudia, no a Di Benedetto

16.04.2020 14:00

Por Fausto J. Alfonso

 

Antonio Di Benedetto, todos saben, fue un escritor mendocino. Expertos aseguran que uno de los mejores que ha dado el país. Sus fanáticos, pero también quienes no han leído ni una de sus páginas, dicen que se trata de un prócer, un dios, un genio. A estas tres condiciones, el hecho de haber sido detenido durante el proceso militar, le añade una pátina de mártir. Públicamente, nadie se atrevería a objetarle una coma. Así somos los argentinos, tensamos todo al máximo. Pero en privado, se habla de su mal humor, su soberbia, su petulancia, su falta de humildad. Lo dicen desde ex colegas o subalternos hasta mozos o ancianos dueños de los restaurantes que solía visitar.

Como llegó a dirigir diario Los Andes, también es común referirse a él como un periodista excepcional, de sabia prosa. Hace unos días, ese periódico recordó “El día que Di Benedetto se encontró con Claudia Cardinale”, al reproducir una nota escrita por el pope en 1965.* En realidad, tal encuentro fue una conferencia de prensa, junto a muchos otros periodistas, en la modalidad breakfast, en un hotel de Los Ángeles.

Lo que Di Benedetto hizo con ese -para muchos- envidiable encuentro fue un texto en el que, con muy calculada sutileza, denosta, subestima, cada una de las expresiones de la por entonces no tan diva (si bien siendo aún muy joven, la tunecina Cardinale ya había filmado casi 30 películas).

No le perdonó, por ejemplo, que no estuviese a la altura de sus conocimientos literarios, dedicándole párrafos como: “Porque si al declararse lectora y formar una heterogénea lista (Musset, Hemingway, Pavese) le indagaba qué de Pavese, respondía ‘los ensayos, las novelas’, pero qué de ellas, decía ‘la profundidad’ y sin respiro desviaba: ‘Aunque desgraciadamente lo que más leo son libretos de cine’”.

El registro burlesco atraviesa todo el artículo. Leer para ver y para creer. No le perdona una. La humilla. Con elegancia. Con conocimientos. Ensayando y logrando una doble intención: demostrar su erudición y, al mismo tiempo, la ignorancia de quien tiene enfrente.

Es cierto, a veces ese tipo de reuniones impide profundizar y terminan convirtiéndose en un intercambio light. En ese caso, y si realmente le hubiese interesado la entrevistada, hubiera gestionado una exclusiva. Pero es muy probable que haya ido por el desayuno. Suele pasar.

Tras las donas, Di Benedetto, el faro, el ídolo, concretó un texto literariamente ingenioso, si se quiere, pero carente de cualquier mérito o interés periodístico. ¿Por qué no sacarle el jugo a la entrevistada, a partir de lo que sabe, y no de lo que no sabe? Porque, que se sepa, no se trataba de poner a un político contra las cuerdas. Pero claro, ¿quién se hubiese atrevido a decírselo, en ese momento? En lo personal, con apenas un año, no me hubiese animado.

Hoy, Antonio está encumbrado en lo más alto, lo que le permite vernos a todos desde un estrato de superioridad ya insuperable. Podemos imaginar su goce de aquel momento al dejar mal parada a la chica. Casi un sádico, que se llevó a marzo la famosa "humildad de los grandes".

Claudia, con sus joviales 82, sigue filmando como si nada. Seguramente nunca se enteró de aquel artículo. Parece escrito para molestar a los que la aman.

 

* La nota de Di Benedetto fue republicada por Los Andes el 15 de abril de 2020, para el cumpleaños 82 de Cardinale. Sin embargo, en ningún momento (del título, la bajada o la nota en sí) se hace alusión a eso. De haberse hecho, el título debería haber sido al revés: "El día que Claudia Cardinale se encontró con Di Benedetto".