Troncoso, solito, vence a los ingleses

14.03.2026 16:14

Por Fausto J. Alfonso

 

A Guillermo Troncoso, El inglés le venía machacando la cabeza desde los diecisiete años. Así que, si algo tienen de nacional y popular las ideas y gustos del actor, se lo debe en buena medida a esta creación de Juan Carlos Gené. Ahora, tras cuatro décadas de trayectoria, decidió asumir la interpretación, puesta y dirección de este drama musical, que cruza cantata, género criollo y farsa, sin discriminar pasajes de narración oral con alto componente didáctico. El motivo que convoca no es otro que la invasión inglesa de 1806 y de cómo el pueblo rioplatense se repuso de la agresión más por ingenio y convicción que por recursos.

Ideada para actor y cuarteto vocal (en la puesta original Pepe Soriano y el Cuarteto Zupay, con música de Rubén Verna y Oscar Cardozo Ocampo), la estructura de la obra consta de más de veinte cuadros que alternan, justamente, la actuación con el canto. Pareciera un exceso para un solo actor, aunque claro, no es la primera vez que un intérprete asume un riesgo similar. Anteceden muchos casos con otras tantas propuestas, pero no siempre el resultado es favorable. Aquí sí. Y lo es por la versatilidad de Troncoso, capaz de mudarse de un registro a otro, sin que en el tránsito su talento pierda peso.

Así, el artista se pone al hombro un espectáculo con un formato al que -es evidente- se le notan los años (más aún, se le nota la década en la que fue concebido, los 70, con su mixtura de política y concert) y lo desanda con una espontaneidad y una garra, con una potencia vocal y una gracia en el decir, que no podemos menos que, al concluir el espectáculo, sacarnos nuestro sombrero imaginario y, aunque depende del estado físico de cada uno, ponernos de pie.

Ese esqueleto de music-hall con el que fue concebido El inglés, y que aquí reaparece aggiornado, aunque le falta algo más de locura o desparpajo, alberga en su interior una toma de posición fuerte en defensa del concepto de patria, de Nación (o lo que se pretendía ser en ese entonces), de sus valores, el territorio, la cultura, etcétera, que está por demás clara. Nadie dudaría de su vigencia, y menos en los tiempos que corren.

No obstante, la primera mitad del espectáculo (esto es, hasta cuando la acción, el teatro en sí, empieza a ganar terreno) es por demás verborrágica y un entresacado de texto, para aligerar, no hubiese estado de más. En una obra como ésta, en la que la relectura se hace sola (o la hace el momento por el que atraviesa la sociedad), vale insistir en la reescritura, una y otra vez. No solo la moderniza; también la vuelve menos obvia y aleja lo oportuno de lo oportunista.

De la mitad hacia adelante, el espectáculo pierde solemnidad y gana en atractivo. El crescendo de lo trágico vuelve más entretenido todo, aunque suene morboso. Aparecen recursos lumínicos, objetos con mayor peso específico (y poético), el vestuario comienza a decir más… y Troncoso potencia su show, en el buen sentido, ensayando coreos y buscando una mayor complicidad con el público. Solo, puede con todo y todos, incluso con los ingleses.

De algún modo, tanto la labor del actor (y, por qué no, su carrera toda) se emparenta con el texto del primer cuadro de El inglés: Milonga para mis muertes. Que empieza: “Y sí, yo he muerto señores, no una vez, cientas morí / pero estoy vivo y contando las cosas que yo viví. / ¿Qué cómo es ese misterio, qué no nací, qué morí / cientos y cientos de veces y sigo contando aquí? / Porque mi historia, señores, es la historia del país, / cosas que el suelo ha sufrido, cosas que con él sufrí.”

Como el narrador anónimo que enmarca el relato de El inglés, Troncoso, al asumir todos los personajes, nace y muere todo el tiempo, de los modos más disímiles. Nace y muere para volver a nacer, como gaucho, inglés, español, alemán, peón, lord, virrey… Como pobre, rico, orgulloso o prepotente, invadido o invasor. A la vez, éste, su capolavoro número X, se inscribe en su propia tradición de muertes y resurrecciones milagrosas, que han pasado por cuanta técnica, estética, autor y género posibles.

El inglés es una buena ocasión para encontrarlo a los saltos entre la actuación, el canto y la percusión; entre los hondos sentimientos de pertenencia y la mirada feroz hacia el ocupa; entre la sabiduría sencilla y el cinismo avasallante. A ese placer, se suma el de reencontrarse con una galería de ritmos folklóricos en versiones tan respetuosas hacia el concepto “música”, que al menos por un rato nos olvidamos de la frivolización y el bastardeo al que esos mismos ritmos han sido y siguen siendo sometidos por… bueno, para qué dar nombres (lo peor es que no son ingleses).

 

Ficha:

El inglés. Autor: Juan Carlos Gené. Interpretación, puesta en escena y dirección general: Guillermo Troncoso. Producción general: Paula Ledaca. Asistentes de dirección: Antonella Magni, Fabián Ortiz, Facundo Villegas, Francisco Salinas y Luciana Martín. Operadores de sonido: Antonella Magni y Francisco Salinas. Operador de luces: Facundo Villegas. Asistentes de escena: Fabián Ortiz y Luciana Martín. Escenografía: Rodolfo Carmona. Luthier bombos compactos: Martín Parra. Teatro Independencia (Chile y Espejo, Mendoza). Función del 10/03/2026.