Un cuerpo presente entre dos naturalezas

12.04.2026 18:13

Por Fausto J. Alfonso

 

“La memoria no es museológica; hay que pensar en la continuidad”, precisaba en una entrevista radial Mariela Rígano, y de algún modo anticipaba aquello con lo que nos encontraríamos en escena. Una historia donde los recuerdos no aparecen petrificados; al contrario, agitan su vigencia en un mano a mano, en un contrapunto con el presente. Una historia en la que la memoria examina cuánto de pasado tiene el presente y cómo se puede poetizar lo perdido, aun cuando el tiempo juegue totalmente en contra.

No podía volver es una suerte de poema teatral, producto del ensamble de lo musical, lo literario y lo físico. Se asienta en imágenes que suenan, se dicen o se corporizan, de modo de comprometer los distintos sentidos del espectador en simultáneo o alternadamente.

Un tecladista en escena se mueve entre lo incidental y el diálogo metafórico con la protagonista, esboza efectos, sugiere melodías. En tanto, un glosista contextualiza con sutileza, voz amable, lo que fue la naturaleza del mal, pero también lo que es la naturaleza a secas, la buena. Esa que le permite a una víctima de un vuelo de la muerte -interpretada con gran calidez y etérea disposición por Laura Lahoz- arrimarse, literalmente, a una costa, ver qué pasa, o qué pasó, recordar, desempolvar vivencias, vivir, o revivir, al menos hasta que la próxima ola la devuelva al mar. 

La actriz se deja llevar hacia un lado y otro del tiempo y el espacio. Su liviandad facilita su manipulación, pero sus convicciones, esas que simplemente hablan de querer estar un poco mejor, siguen firmes. Como antes de y durante su desaparición. Pero vemos su cuerpo. Su físico -obra y no magia del teatro- está. Y es lo más importante en esta batalla descomunal entre dos naturalezas gigantes y contrastantes: el mal y el mar.

El vestuario y la escenografía contribuyen a un juego de velos que se interponen entre presente y pasado (y entre las olas y el cuerpo); y en el que los colores, más allá del acertado planteo lumínico, se filtran desde el texto aportando otros paisajes además del que vemos. Este aspecto, como el musical y el actoral han sido equilibrados por Rígano de modo tal de no sofocar el espíritu de lo que se quiere decir. El marco no se come al cuadro. Y tampoco el cuadro se transforma en una pancarta de manual.

Propuesta bella, concebida con prudencia y buen gusto, posee un dejo vaporoso que la acerca a lo onírico; detalles y objetos que nos traen a lo cotidiano; y palabras amorosas y tristes que nos pasean por un mundo inexplicable. Que es éste, donde al horror le seguimos contestando con humanidad.

 

Ficha:

No podía volver. Intérprete: Laura Lahoz. Texto: Sonnia De Monte, basado en la autobiografía ficcional de Ricardo D'Amico Fornés. Dirección y puesta en escena: Mariela Rígano. Interpretación de La Voz: Bernardo Herrera. Música original: Juan Manuel Cuetos. Diseño de vestuario y escenografía: Walter Benedetti. Iluminación y puesta de luces: Cristian Bustos. Fotografía: Nahuel Salcedo. Colaboración estética: Julio Basle. Sala: Casa Violeta (Paraguay 1474, Godoy Cruz).